La escalada de la guerra

Febrero 07, 2012 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Vamos de mal en peor en la interminable, atroz y cruel guerra interna que, hace décadas, carcome la sociedad colombiana. Los ataques terroristas de la guerrilla a Tumaco, Villa Rica, Miranda, y Pradera dejaron un sombrío mensaje; la solución a la confrontación insensata y brutal está más lejos que nunca. Los cilindros bomba, la última modalidad terrorista, acaban con lo que se ponga por delante y dinamitan las posibilidades de paz. Civiles que no tenían nada que ver con la contienda, murieron en los ataques a esas poblaciones.Tienen razón analistas del problema nacional número uno cuando afirman que la paz está en su peor hora y la voluntad para un diálogo que concrete no existe. La Nación parece acostumbrada a la terrible confrontación. Que evoluciona a una guerra interminable sin vencedores ni vencidos, donde todos perdemos. El Estado no ha logrado acabar con la guerrilla. Que tampoco ha logrado su propósito de llegar al poder por la vía de las armas. Así las cosas, cabe preguntarse: ¿La guerra será eterna? Vaticinar sobre un tema tan complejo y lleno de aristas, es muy difícil. Pero hay algo cierto. En la paz no se avanza: se retrocede todos los días. Poco se habla de acabar el conflicto, ni se pide diálogo, ni se hacen acciones concretas para lograr conversaciones. La guerra es el pan nuestro de cada día. Viene y va como un aguacero maldito.En 24 horas murieron 11 civiles ajenos al conflicto -incluido un niño- por efecto del cilindro mortal. El asalto se registra en las primeras páginas de los diarios, la radio y la televisión, y santas pascuas. A otra cosa. Que el nuevo ataque ya vendrá.Hemos llegado a un punto en que los enfrentamientos se han convertido en algo cotidiano. Y -por supuesto- vienen adquiriendo formas cada vez más salvajes. Por el macabro desarrollo de esa lucha de décadas, se llega a pensar que Colombia está destinada a ser la nación más perturbada de todo el continente. Ahora y en el futuro. La contienda está en una de sus etapas más sangrientas y en ninguna de las partes se oye una voz por un diálogo para la pacificación. No hay ambiente propicio.La opinión pública está dormida en este punto clave para el futuro de una nación con semejante estigma. La paz -el supremo bien- está muy distante en medio de atentados tan terribles como los de la semana pasada. Donde murió gente pacífica que nada tenía que ver con el atroz conflicto.¿Hasta cuándo? ¿Hasta que el infierno se congele?...

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