Integración del Pacífico

Integración del Pacífico

Febrero 22, 2011 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Si algo tiene importancia decisiva en el desarrollo de la Región del Pacífico, es su real integración. Un paso clave para el progreso y consolidación de una zona destinada a constituirse en el polo de desarrollo más grande de Colombia. Si el Estado afronta el gigantesco -y costoso- esfuerzo de las obras necesarias para que eso sea una realidad. Y los departamentos y el sector privado hacen lo suyo. Sin trabas burocráticas, o de ninguna índole.Integración es la palabra de oro en el Siglo XXI. Hay que unirse en el plano regional, o entrar en decadencia y morir. Europa fue gran ejemplo de unidad para subsistir en un mundo en guerra por la tecnología, los mercados, la influencia política, el desarrollo científico y cultural. Una nación que se aisla, convencida de su propia suficiencia, termina por convertirse en un cero a la izquierda.El Valle del Cauca es departamento clave en el proceso de conformar la Región Pacífico, con Cauca, Nariño y Chocó. Basta mirar el mapa desde Bahía Solano a Tumaco para entender la enorme significación que tendrá. No se trata de una rutina geográfica: se trata de la constitución de un poder geopolítico, económico, estratégico, regional, marítimo, de enormes posibilidades para la explotación agrícola y minera. El Pacífico -se ha dicho- es el mar del futuro. Gravita en el destino futuro de la humanidad y para el caso de América Latina -si los gobiernos se deciden a la creación de puntos claves- será el polo de desarrollo más grande del planeta. Para eso se necesitan tres cosas: ganas, fondos suficientes, y unidad política de las naciones que tienen costas en ese mar prodigioso.El gobernador del Valle, Francisco Lourido, con buen criterio, enfoca el proyecto de consolidar la Región Pacífico en la necesidad que el gobierno: “Haga un reacomodo de las iniciativas en el Plan Nacional de Desarrollo, a partir de las necesidades de la Región del Pacífico y se trabaje para garantizar la seguridad, educación, salud y la infraestructura de cada uno de los departamentos que integran la región”.Si se quiere que un proyecto de tan extraordinaria magnitud no termine en un cuento de camino, el Estado, los departamentos interesados, los municipios y el sector privado, tendrán que hacer con prontitud sus aportes para una obra que -de adelantarse en su estructura y su costo real- cambiaría la historia del Occidente y convertirá al Valle del Cauca en motor de lo que sería la zona más importante -en lo político y económico- de una nación que ha comenzado a pensar en grande. Como debe ser.

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