Infamia máxima

Infamia máxima

Noviembre 04, 2014 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

La violencia sexual contra los niños, es el delito más infame, cobarde, de refinada maldad, y con secuelas psicológicas que afectan para siempre la existencia de los ofendidos. Se comete contra lo más hermoso, inerme e inocente, de la sociedad que inspira un amor puro, esperanza en su destino, confianza en su futuro. Esas personitas adorables son víctimas – con odiosa frecuencia – de ofensas sexuales. Que para desgracia mayor, ocurre algunas veces en su propia casa.En Colombia, la legislación es tibia con esta clase de delitos en seres tan vulnerables. Debería incluirse la cadena perpetua, en el Código Penal, para castigar a quienes los cometen. Bien merecida la tienen. No solo por el hecho en sí: por las secuelas que dejan en el criminal y que lo convierten, con frecuencia, en un adicto que repetirá su odioso atentado. Esa pena, drástica, imposible de eludir, es la respuesta indicada contra ese acto despreciable. Podría pensarse en establecer en centros educativos, un cursillo sobre la gravedad de ese delito, las perniciosas consecuencias que tiene en el futuro del agredido, y su maldad intrínseca, con la idea de prevenir que prospere.Nada se gana en ocultar esa perversión atroz. “La verdad nos hace libres”, decía Rousseau. Una inmensa mayoría desconoce los gravísimos efectos de la agresión sexual: el impacto psicológico y la degradación íntima que produce. -A nivel mundial, el comercio sexual con niños y niñas ha crecido en forma más que alarmante. Como se publicó hace poco en ‘Le Soir’, hay organizaciones sofisticadas, opulentas y despreciables, dedicadas a ese crimen miserable. No se ha tomado conciencia del horror y la magnitud de esa plaga maligna. Pocas naciones tienen sistemas modernos y efectivos para la prevención de un delito que hiere– de por vida –al menor que lo padece. Las penas de prisión que ocasiona, no tienen relación con su espantable naturaleza.La acción del Estado y la sociedad para prevenir y combatir un crimen tan nocivo y repudiable, ha sido escasa. Mientras las organizaciones del tráfico infame, se tecnifican y crecen, las defensas de los gobiernos y su capacidad para acabar algo tan funesto, son bastantes mediocres. Tampoco puede justificarse la indiferencia de la sociedad. Se aduce que este tipo de delitos es mejor ocultarlos y su divulgación y castigo, afecta aún más a quien resultó ofendido. Falso. Ya es hora que esa vía libre para uno de los peores crímenes contra seres inocentes y adorables, termine para siempre.

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