Historias del aguardiente

Noviembre 23, 2010 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

El popular aguardiente se utilizó primero como remedio, con enorme acogida. Fue el médico francés Arnau de Vilanova -profesor emérito en París y Montpellier que murió en 1413– quien bautizó la bebida como ‘agua vitae’, agua de vida, en su libro ‘Conservación de la Juventud’. Arnau creía que el aguardiente prolongaba la vida y disipaba los humores superfluos: “Reanima el corazón, cura el cólico, la hidropesía, la parálisis, la cuartana; calma los dolores de muela y preserva de la peste”. Una medicina mágica que traía alegría y hacía olvidar el dolor. Muy pronto fue usada por millones de personas. Durante décadas se utilizó contra la gota y la afonía.El remedio se convirtió en bebida que emborrachaba más ligero que el vino. Fue un lujo de fácil acceso y rápido excitante que proporcionaba a bajo precio calorías para combatir el rudo invierno europeo. En 1514, Luis XII concedió a la Corporación de Vinagreros el privilegio de su destilación. Era ya una poderosa industria que se propagó por el mundo a gran velocidad.Nacido en Europa -otros afirman que en China que es una civilización de más de 5.000 años- el aguardiente ganó sitio y categoría y conquistó los paladares de gentes amigas de las bebidas fuertes. En 1506, el producto provocó las primeras disputas entre los toneleros que lo fabricaban y los comerciantes que lo vendían. Fue la ‘Guerra del Aguardiente’ que se prolongó hasta 1650, cuando se llegó a un acuerdo salomónico.El consumo se extendió en el Siglo XVI por Europa. Se fabricaba aguardiente en los países vinícolas del mediodía y en España. Los gobiernos estimularon la producción para obtener abundantes ingresos por la vía de los impuestos.De esa producción artesanal se pasó, en 1773, a una masiva. Gracias a los inventores de un nuevo alambique: Wigert y Eduard Adam.Los colombianos poco conocen esta historia: se limitan a beber aguardiente en cantidades navegables y a padecer los devastadores efectos del ‘guayabo’. Con el ron, “fueron los regalos envenenados de Europa a las civilizaciones de América”, según Braudel. El alcoholismo de los indígenas fue fomentado por los conquistadores españoles y se convirtió en otra forma de sometimiento.Los ingleses y franceses propagaron su consumo en América del Norte. Con aguardiente se ganaron guerras y los contrabandistas hicieron fortuna.Colombia es un país aguardientero. El Gobierno paga maestros con el producto de los impuestos al licor. El Estado siempre saca provecho de las debilidades humanas. Como comprar loterías: otro impuesto de ilusos que nutre las arcas nacionales.

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