Gatos cuidando ratones

Gatos cuidando ratones

Noviembre 03, 2015 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Aceptar continuidad de la Venezuela de Maduro en el Concejo de Derechos Humanos, es lo mismo que poner gatos a cuidar ratones. El actual presidente del vecino país no ha hecho nada distinto a violarlos y encarcelar dirigentes de oposición como Leopoldo López, Daniel Ceballos, Antonio Ledesma y Manuel Rosales -excandidato presidencial-, que denunciaron persecución del régimen por sus protestas contra violaciones a derechos democráticos. Algo evidente en esa nación, a la que nos unen vínculos indestructibles, es la degradación de su democracia bajo el régimen autoritario de Maduro y su corte de politicastros averiados. Quienes defienden la libertad de reunión, o de prensa, son vigilados por Seguridad del Estado. La prensa no se libró de esa infame práctica. Algunos periódicos decidieron cerrar, agobiados por la hostilidad del sistema. Escándalos del régimen, denunciados por valientes medios informativos, ocasionaron detención de periodistas. Hacer prensa libre -o ejercer oposición inerme- es asunto de altísimo riesgo. La mano del gobierno es muy pesada. Y sus personeros no vacilan aplastar a quienes intentan una prensa independiente que denuncia equívocas acciones y errores del gobierno. El Presidente venezolano hace parte de un turbio bloque de naciones con dictaduras ominosas, y en el poder. Es el caso de Corea del Norte, Ucrania, Siria, Irán, Sri Lanka y Bielorrusia. Sus dirigentes son encumbrados violadores de derechos humanos, y sus acciones afrentan a la democracia. Parece imposible que la nación que dirige haga parte de un organismo que defiende y protege lo que el venezolano persigue. O que el presidente del vecino país se niegue a permitir observadores internacionales imparciales para determinar lo que ocurre con los derechos humanos en su nación y al tiempo tenga encargo de preservarlos.La acción unificada de los países de América Latina frente a lo que ocurre en Venezuela, ha sido escasa. O nula. Si acaso se recibe a un dirigente perseguido que se exilia. En Latinoamérica se práctica la norma de ver y callar. Y cuando eso se traduce en barriles de petróleo a bajo costo, pues a realizar el oscuro negocio. La democracia no florece por generación espontánea: hay que protegerla. Los regímenes dictatoriales se volvieron anacrónicos y tienen rechazo universal. Venezuela, más temprano que tarde, volverá a disfrutar el bien supremo de la libertad.

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