Ganar la paz

Diciembre 22, 2015 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

En una democracia resulta adecuado un gobierno serio, firme, progresista, y una oposición vigilante, que ejerza con eficacia el control político del Estado. Ese binomio de poderes es clave -cuando cumple bien sus funciones- para el arte de gobernar en paz y los beneficios que resultan del ejercicio honesto y eficaz del gobierno. Son pilares de una sociedad libre y motores para el desarrollo. Buena administración del gobernante y vigilancia para el honesto ejercicio del poder, son esenciales.La oposición debe hacerse con firmeza pero sin excesos. Como ocurre en algunos países cuando se convierte en obstáculo para el manejo del Estado. “Ni tanto que queme al Santo, ni tan poco que no lo alumbre”, reza la sabia sentencia que todos los regímenes deberían poner en práctica. El respeto entre quien gobierna y el que ejerce el control político, es esencial.Se nos señala como el país más violento de América Latina. Una paz duradera nos libraría de ese estigma. Pero el flagelo no ocurre solo en Colombia. Basta recordar el caso de los 45 estudiantes asesinados en México. Crimen horripilante, crueldad sin límites que sigue impune. Y otros más tan infames que el cometido en el Estado de Guerrero: golpe durísimo al corazón no solo de México, sino de Latinoamérica y el mundo.Es cierto -duele aceptarlo- que nuestra Nación ha vivido décadas de violencia y terror. Y que el enfrentamiento entre colombianos ha dejado huella de crímenes sin nombre. Pero no somos los únicos heridos por la tenebrosa tragedia. Ni -como lo predican algunos- no saldremos de ese infierno. Lograremos la paz con el esfuerzo unánime y firme de todos. Y la ayuda internacional.La paz se viene asentado en nuestro territorio. Es un hecho que en La Habana se firmará un acuerdo que es paso fundamental para la siguiente etapa de afianzarla. Eso no tiene reversa y así lo esperan los colombianos, toda América Latina y la comunidad mundial. Fatigados de una confrontación estéril, salvaje y sangrienta. Para convertirla en realidad duradera tenemos obligación de trabajar por ella y ayudar a la solución de problemas mayúsculos. Uno de ellos reinsertar a miles de personas vinculadas al sangriento proceso. O la desmovilización de las organizaciones violentas que invadieron la nación. Colombia tendrá que lograr su tranquilidad. Ese debe ser el ‘propósito nacional’ que el país no tiene.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad