Fracaso del terrorismo

Fracaso del terrorismo

Febrero 08, 2011 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

El terrorismo como instrumento político se ha desgastado. Eso es cierto, pero no ha desaparecido: allí está. Vivito y coleando. El islamismo fundamentalista y su brazo armado, aún siembra el terror. Pero fracasó como opción política capaz de atraer a un número grande de militantes y se mantiene en círculos herméticos. En las pocas naciones donde el terrorismo llegó al gobierno, el fracaso fue visible. Así ha ocurrido en Afganistán, con los talibanes; en Irán, con los ‘mullahs’; en Sudán, con el Frente Nacional Islámico; y en otros países donde se intentó aclimatarlo con pésimos resultados. El extremismo no dio resultado y fue evidente el fracaso de naciones que resolvieron adoptarlo.La crisis de la economía, la inestabilidad política y la inconformidad social, unida al airado rechazo popular, fueron evidentes.El talibán convocó a una ‘guerra santa’ contra Occidente. Eso produjo, por el uso de métodos terroristas, un efecto contrario: la reacción a ese poder implacable y violento de una comunidad hastiada de las guerras, la violencia indiscriminada, el terror en las grandes ciudades, y el miedo a su oscura amenaza. La batalla contra los ‘perros de Occidente’ perdió la eficacia que sus autores le atribuyeron. A la inmensa mayoría le interesó más vivir con tranquilidad y resolver sus necesidades habituales, o divertirse sin el temor de una bomba, que la ‘guerra santa’ de extremistas extraviados en la maraña terrorista. Nutridos de odio a la civilización occidental y sus valores democráticos y con una visión anticuada del papel del mundo árabe, al que invitó al terrorismo que el propio Mahoma condenó.Para América Latina y el resto del mundo el letal problema del terrorismo tiene importancia extrema. Para su estabilidad política, el volumen de la inversión extranjera y sus relaciones con el resto de naciones. Librarse de un peligro tan manifiesto es algo de vida o muerte. Si hubiese prosperado en el Medio Oriente y avanzado en el viejo continente, el contagio habría sido inevitable en el resto del planeta.El terror espanta y produce resultados distintos al que suponen sus ejecutores: crea un abismo en la sociedad civil. Que prefiere vivir en un gobierno con fallas evidentes -como la democracia- a someterse a un régimen que predica -y ejecuta- la violencia como sistema. O la realiza contra naciones de las cuales discrepa.La victoria final contra esa práctica maligna es ineludible. Llegará el día que el rechazo contra todas las manifestaciones del terrorismo sea acuerdo unánime y decidido de la comunidad democrática mundial. Desaparecerá así uno de los problemas más oscuros y complejos de la sociedad actual.

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