¿Final de la contienda?

Octubre 16, 2012 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Estamos frente al absurdo de una confrontación armada que no sirve a ninguna de las partes -gobierno y guerrilla-, enfrentados en una cruenta lucha que llega a los 50 años. Es decir, el máximo absurdo. Las guerras se hacen para que un bando supere al otro y alcance sus objetivos. Eso no ocurre en el caso colombiano. Hasta el momento, se ha demostrado que el Estado no ha logrado acabar con una guerrilla numerosa, bien armada y con financiación abundante, ni la guerrilla se ha tomado el poder para instalarse en el Palacio Presidencial. Es decir, una guerra insensata que -si fracasan los diálogos de paz previstos- terminará en el derrumbe de nuestras instituciones democráticas y sumiría a la Nación en un completo desastre. Con daños mayores e irreversibles que los actuales.¿Tienen los colombianos -con su clase dirigente a la cabeza- una idea clara de lo que significaría que los diálogos previstos en Oslo y La Habana terminarán en nada? Al parecer no: aquí hizo su carrera, en el vital problema de recuperar la tranquilidad de una nación perturbada hasta los tuétanos, la idea de permitir que el conflicto se prolongue por los siglos de los siglos. El país se acostumbró a la barbarie de la confrontación interna, a su crueldad, sin buscar, de verdad, un acuerdo positivo, serio, concluyente, que acabe con la larga tragedia de matarnos los unos los otros.No todo el mundo piensa así. Pero sí una inmensa mayoría que mira la confrontación con patética indiferencia. Por supuesto, cabe preguntarse si ninguna de las partes alcanza sus objetivos, ¿cuál justificación tiene continuar la lucha armada? Como método de llegar al poder -nada más y nada menos -por Raúl Castro y el propio Fidel, verdaderos expertos en el tema. Todo eso tendrá que influir en las conversaciones en Noruega. Con la amistosa y discreta colaboración de quienes trabajan al lado de los voceros de las partes, en el final de la contienda.Hasta dónde hay “condiciones objetivas” para el final de la lucha. Parece evidente que sí. La presión internacional a tirios y troyanos para dejar las armas, es contundente. En particular en América Latina que sufre los efectos de esa contienda de cinco décadas. El peligro de un contagio por lo que aquí se vive, es considerado con mucha preocupación por nuestros vecinos y, en general por todos los países de la región. Cualquier pronóstico sobre resultado en Oslo y La Habana, es aventurado. Pero no lo es, pensar que a la paz le llegó su momento final en esta etapa definitiva para el futuro de nuestra Nación.

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