Faraón de Suramérica

Mayo 17, 2011 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

A Cuba, Nicaragua, Bolivia, y otros países del Caribe, se les apareció la virgen. Hugo Chávez Frías -el faraón de América Latina- les suministra préstamos, regalos y petróleo. Con la contraprestación de fidelidad política; apoyo integral a su “proyecto bolivariano”; y el ingreso a una especie de sindicato contra Estados Unidos. Que el Presidente venezolano maneja.La sumisión a los designios del fundador de un socialismo populista-leninista-bolivariano y latinoamericano -un verdadero sancocho indefinible y demagógico- le cuesta mucho dinero a los venezolanos. Como un nuevo Rey Midas, Chávez reparte préstamos en dólares y bolívares a sus socios políticos. Puntuales ayudas y préstamos a largo plazo. Y el indispensable petróleo. El ‘oro negro’, vital para naciones en desarrollo y con necesidades de energía. Los países que reciben esa ayuda, no pueden darse el lujo de solicitar certificados de buena conducta política a su benefactor. Si quieren subsistir, no hay otro remedio que tragar entero y sumarse a la comparsa que se maneja desde Caracas.Alguien paga el alto costo de la política chavista: los propios venezolanos. Según el análisis de expertos en el tema, Chávez dispone de 30 dólares por cada uno de los más de tres millones de barriles diarios que produce su nación. Eso en virtud de una hábil estrategia en el Congreso. Con tantos millones a su disposición como Presidente, le ha sido fácil establecer acuerdos que respalda el petróleo. O declararse “socialista”, sin que se conozca a ciencia cierta cuál es su base ideológica. Si es que la tiene.Aspira a conformar una comunidad de naciones en América del Sur. Que le camine a su galimatías político y al pleito que tiene con Estados Unidos. En eso incluye a Colombia. Donde hay partidarios suyos que miran con agrado ese propósito. Al Presidente vecino no debe gustarle que una nación como la nuestra mantenga una relación tan estrecha con Norteamérica. Santos ha logrado mantener unas relaciones aceptables, pacíficas, con Venezuela. Eso no significa inclinar la cabeza. Ni dejar que nos durmamos para que nos lleve la corriente. Estamos unidos con Venezuela por un pasado histórico y glorioso. Por la mano de Bolívar. Por intereses económicos y comerciales, como les agrada recordar a nuestros empresarios. Y -por encima de todo eso- por la necesidad de una y otra nación de vivir en democracia y paz. Como debe ser. Allá el vecino, con su exótico ‘socialismo’. Y de este lado, nosotros. Con una democracia que ha resistido los peores ataques.

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