Estético y efectivo

Julio 08, 2014 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Estético y efectivo. Allí está el secreto de un equipo de fútbol para llegar a las instancias superiores de ese deporte – el espectáculo más popular del planeta. – La selección nuestra alcanzó ese nivel que practican los más grandes. Su juego tiene belleza, es plástico, deja huella en la mente del espectador y carece de la capacidad agresiva que es una plaga de buena parte del “deporte de los dioses”, como llamó al fútbol el escritor Camus. Yo prefiero escribir que es el deporte del pueblo. No es tan abismal la diferencia: “La voz del pueblo, es la voz de Dios”, reza la sentencia. Un equipo que hace goles y juega mal, deja en tablas a sus hinchas que se contentan con la victoria. Otros equipos, que hacen maravillas en el verde tapete de la cancha y también goles, producen ese clímax alegre del juego previo a los tantos a los contrarios. Una sensación de felicidad, orgullo y satisfacción, que se repite cuantas veces se logra vencer la portería del adversario. El fútbol tiene misterios, magia, códigos secretos que solo conoce los Messi, los Cuadrado, los James, los Cristiano (y uno o dos más). Tiene mucho de ingenio y capacidad para manejar con los pies una pelota, conservarla para avanzar frente a adversarios que hacen todo por frustrar los avances y – en muchas ocasiones – librarse de las patadas y el juego malintencionado que suele aparecer con desgraciada frecuencia antes del gol: la alegría máxima.El fútbol es belleza, geometría, magia única. Un deporte que reúne dos situaciones. El juego de once jugadores que procuran deleitar a los asistentes a los estadios. Y la acción de los virtuosos como Maradona – cuando jugaba – Messi, Cuadrado, el maravilloso James. Que arranca lágrimas de gozo, y es un genio que protagoniza fabulosos recitales de “juego bonito” y práctico. Con goles, que se ven en pocas ocasiones y se convierten en un concierto inolvidable: la opera de los pobres.Equipo que no acompaña los goles con el arte sutil de la geometría de los pases, las gambetas para dejar al enemigo mirando a la luna de Valencia, es un equipo con desventaja. El gol, claro, es lo concreto, lo que da dinero, el placer de ganar. Pero la sinfonía que se produce en los buenos equipos para lograrlo, es un placer superior. Un reto de inteligencia, malicia, sabiduría. Cuando un jugador como James Rodríguez reúne esas cualidades, nace un auténtico genio de un deporte que deleita a millones en todos los continentes. Y que – para nuestro gozo – es orgullo de la patria.

VER COMENTARIOS
Columnistas