Estación de la paz

Enero 05, 2016 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

En una nación estremecida por el odio, la violencia -y el enfrentamiento de años- ha llegado la hora anhelada de reconciliación y paz. Que no es acuerdo con ribetes politiqueros: es entendimiento integral, serio y duradero. En los estamentos de la sociedad se estableció la inutilidad y salvajismo del episodio. Que deja sangriento saldo de muerte, desolación en el campo, miles de desplazados en las ciudades, y bandas criminales que se nutren de antiguos combatientes. En fin: cosecha de odio y violencia irracional. Santos es fervoroso partidario de la reconciliación. Muchos critican su pasión por lograr un acuerdo y estiman que su ambición personal es ganar el premio Nobel, por la gestión de acallar los fusiles, los secuestros, el mortal enfrentamiento, fruto del tenebroso episodio absurdo e inmoral. Censurarlo por su obsesiva gestión de paz es irrelevante. Lo más necesario para Colombia es su pacificación. Sin ella no hay desarrollo estable, ni tranquilidad ciudadana. Todos debemos contribuir a ese empeño vital. Un organismo internacional que se dedica a estudiar luchas armadas internas señaló que somos el país más violento de la tierra. Innoble calificativo que solo podremos borrar con un solo acto: comprometernos a fondo con una paz estable, sólida, con decidido apoyo de las mayorías, que haga irrepetible el luctuoso proceso de madia centuria y devuelva la tranquilidad democrática perdida.Flota ambiente de esperanza. El expresidente Belisario Betancour dio ejemplo de voluntad de paz, al solicitar perdón por hechos de violencia ocurridos en su gobierno. En medios informativos se pide apoyo a las gestiones de pacificación de La Habana. Que tendrán buen final. Estamos en plena estación de paz total, sin fisuras, ni trampas, es la última oportunidad para Colombia. De frustrarse, nos condenaría al fuego eterno de violencia sin remedio. Hay que hacer todo el esfuerzo que se demande para asegurar el fin de la estrategia.Cincuenta y cuatro años de perturbación, son más que suficientes para reclamar la paz. Eso lo ha entendido bien el Presidente Santos y lo comparte la casi totalidad de la sociedad colombiana, hastiada de la guerra.***Deseo a mis lectores un próspero año lleno de paz y alegría.

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