“Es hora de parar”

“Es hora de parar”

Febrero 04, 2014 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Lo dice el papa Francisco: “Es hora de parar el camino de la violencia”. Lo afirmó ante una movilización gigante en la Plaza de San Pedro. Ojala ese mensaje -claro, directo- llegue a las partes involucradas en el conflicto colombiano. Que bate el récord mundial de existencia de una confrontación armada: 54 años. Conflicto absurdo que no tiene vencedores ni vencidos. Me explico: el gobierno no ha logrado acabar con la guerrilla; y las organizaciones en armas tampoco han logrado su propósito central: tomarse el gobierno y sentarse en el escritorio del Palacio Presidencial. Cabe preguntar: ¿Qué sentido tiene una guerra así que colecciona muertos, asonadas, tomas de poblaciones, desplazamientos de campesinos, etc., etc.? Ninguno. Pero a pesar de su irracionalidad, lleva 54 años. “Esta es Colombia”, le decía Neruda a un colega chileno. El país de los contrastes de lo bello y lo feo. De lo noble e injusto. De la riqueza y el pozo negro de la miseria. Así somos y así parecemos. Las guerras se hacen para ganarlas, y sacar ventajas políticas, económicas, territoriales, o religiosas. En cinco décadas del conflicto eso no ocurrió. Pero si algo estúpido: ese innoble ejercicio de matarnos, se volvió costumbre. La sociedad terminó por aceptarlo y convertirlo en una rutina. Al punto que se dejó en las manos de las Fuerzas Armadas y el presidente de turno la responsabilidad de acabar semejante barbarie. La gente habla de la lucha interna con una familiaridad e indiferencia pasmosa, como si se tratara de un partido de fútbol.En toda sociedad civilizada la inmensa mayoría se convierte en un ariete contra las guerras internas. La condena de millones a la acción armada es elemento clave para la pacificación e influye para que sea válida. Aquí no ocurre eso. Pareciera que a gobierno y guerrilla, nadie -o muy pocos- presionan para que encuentren una salida racional. Solo en la última etapa, los colombianos se decidieron a apoyar las conversaciones de paz de La Habana. Eso impidió la retirada de la mesa para esperar, por años, una nueva oportunidad de reanudar el diálogo. El papa Francisco hizo una mención clave en su discurso: “El mundo debe convertirse en una comunidad que se respete con otras distintas. Que se acepte en su diversidad”; sencillo y fundamental. El derecho a pensar diferente unos y otros, es la garantía de una paz estable. Imponer una ideología nazista, fue el motor de la Segunda Guerra Mundial. Dejar que el pensamiento fluya libre, diverso, plural, es antídoto para frenar la violencia y aclimatar un mundo pacífico y feliz. Situación que debería ocurrir en Colombia.

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