El triunfo de la paz

El triunfo de la paz

Junio 24, 2014 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

En el debate presidencial el triunfo no fue el de los candidatos: fue la paz la que se impuso como aspiración ineludible de una apabullante mayoría que votó por Santos por una sencilla razón: estaba en conversaciones con la guerrilla y dejó claro que continuaría en ellas hasta obtener definiciones. Uribe, depositario de la verdad revelada (según él), autoritario, reticente en materia de diálogo, amigo del uso de la fuerza para dirimir conflictos, anunció que si Zuluaga -su sumiso candidato- triunfaba, suspendería las actuales negociaciones y plantearía otras: con propuestas diferentes. Como quien dice: borrar de un plumazo lo que se ha logrado con esfuerzo, paciencia, manejo político, creciente apoyo de millones de compatriotas, y toda suerte de esfuerzos para recobrar la tranquilidad perdida hace cinco décadas. La derecha recalcitrante, que Uribe representa, obtuvo una votación que no puede desestimarse y le da fuerza para convertirse en oposición dura al nuevo gobierno. Todo está claro. Por lo menos en teoría. Los partidarios del diálogo como instrumento idóneo para lograr la paz integran -con Santos a la cabeza- un movimiento muy fuerte, mayoritario, con apoyo internacional, que ganó puntos en la mesa de negociaciones y los resultados del debate. Fueron derrotados los enemigos del proceso de pacificación. Le corresponde a Santos algo bien complejo: administrar la victoria de la paz, abrirle paso a los diálogos y -al final- concretarlos y someter la totalidad del acuerdo a la decisión de todos, en una votación que será concluyente e histórica. Se respira un nuevo aire. Un anhelo colectivo firme para terminar la lucha y avanzar en la segunda etapa de transformación nacional. Ricos, pobres, religiosos, ateos, liberales, conservadores, otros sectores políticos, la iglesia, los intelectuales, el congreso, todos los estamentos, tendrán que unirse en ese propósito único: hacer que la paz prospere, sea firme, de todos, y sin reversa. Esta oportunidad es única. Si en un acto demencial, el país no la aprovecha, nuestra democracia será un recuerdo para analistas e historiadores.En un momento propicio para que la nación recobre la tranquilidad perdida, sería útil pensar en un Consejo Nacional, de paz que aglutine partidos, tendencias, sectores, para trabajar por ella y ponerle fin a la larga y estéril contienda. Sin interferencias politiqueras.El hecho afortunado es que nuestro país se viene acercando a un acuerdo con los sectores en armas que -¡por fin!- culminará bien.

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