El renacer de América Latina

El renacer de América Latina

Febrero 12, 2013 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Mientras Europa y Estados Unidos se debaten en una crisis profunda de la que apenas salen lentamente, América Latina -en su conjunto- está señalada en todos los estudios sobre el desarrollo mundial como un Continente en visible ascenso. Las cifras no mienten y los especialistas que se han encargado de realizar esas investigaciones tienen un largo historial de credibilidad, veracidad y conocimiento del tema, que acreditan esa información. Un Continente que parecía destinado a una decadencia inevitable, a la parálisis económica y al aislamiento de la comunidad internacional, dio muestras de un vigor inesperado, una capacidad para desarrollarse notable y una rapidez evidente para mantener su progreso.América Latina ha tenido un pasado lleno de dificultades, enfrentamientos sangrientos, parálisis económica y aislamiento de continentes como Europa. Siempre en la órbita de Estados Unidos, la poderosa nación que ha determinado en gran parte su destino. Esa dependencia perjudicial ha cambiado gradualmente. Es evidente que nuestros países actúan con mayor autonomía y frente a EE.UU. En Washington se habla ya de una especie de nuevo trato, al estilo que Roosevelt estableció en su mandato. Al parecer los dirigentes norteamericanos han entendido que es bueno apretar pero no tanto que se reviente la correa.La cercanía de Latinoamérica con Europa y con Asia -con China, en particular- le ha dado un buen resultado. Aumentó su mínima importancia política y estableció una relación en mayor grado. Por su parte, los asiáticos miran con sumo interés sus relaciones con nuestro Continente. Que es una forma de restar importancia política a Estados Unidos y extender la influencia asiática a una parte del mundo en la que han tenido una presencia mediocre.Si se mira con objetividad el proceso actual latinoamericano, puede concluirse que América Latina está en una hora cenital de su historia que -si la aprovecha- la proyectará a un destino superior; a existir como una región determinante en el proceso universal. Que es lo que no ocurre en la actualidad. Para lograrlo, hay algo básico: la unidad. Fracasada la OEA y otros organismos colectivos que no sirvieron para nada, todos nuestros países deberían emprender una cruzada para lograr la indispensable unidad que nos permita ganar peso político, independencia económica y presencia universal. Ese debe ser el objetivo básico de los dirigentes latinoamericanos del momento. El renacer de Latinoamérica hay que aprovecharlo. Sin demora.

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