El mundo del espionaje

Enero 24, 2012 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

El espionaje industrial entre las naciones desarrolladas se ha convertido en una actividad que alcanzó altos niveles de sofisticación y tecnología. Tiene más importancia que la actividad tradicional de conocer el mundo hermético del poder militar. Al fin y al cabo, las potencias que ya tienen armas nucleares necesitan poco de los artefactos convencionales utilizadas de vieja data para matarse los unos con los otros. Estamos en la era de la “disuasión por el terror”, de la que hablara el Señor U. Tang en Naciones Unidas.El espionaje para conocer los secretos del desarrollo de las naciones no se hace sólo por los gobiernos. Se hace también por organizaciones privadas. Es una lucha a muerte por los mercados, donde la información es clave para determinar los ganadores. Estamos en la era de los “macro-espías”, que reemplazaron a los cazadores solitarios de secretos que describe con mano maestra Le Carré, creador del espía escéptico, inteligente y despiadado: Smiley, Fascinante personaje de sus espléndidos libros.Richard Sorge, fue el príncipe legendario de la vieja escuela. Nacido en Rusia, se educó en Alemania, se hizo Nazi –en realidad ya era militante comunista- y fue enviado a Japón con cobertura de periodista.Espió en Tokio para los Soviéticos con sorprendente eficacia: le envío a Stalin la fecha exacta de la invasión alemana a Rusia el 22 de junio de 1941. El dictador soviético no le creyó. Sorge obtuvo la fecha del ataque japonés a Pearl Harbour, pero no alcanzó a filtrarla; fue descubierto y fusilado por los japoneses. Con el inglés Philby –que espió para la URSS- puso en ridículo al Servicio Secreto Británico.En la era del macro –espionaje en la tierra, el mar y el cielo, hay científicos expertos en esa actividad. Satélites, aviones no detectables, avances ópticos, revisan minuto a minuto la faz del planeta. Sensores acústicos barren los mares. Los avanzados aparatos de escucha de la CIA, la KGB, el M-16, la Dsce, el Mossad, el Naicho y el SSE, pueden supervisar todos los mensajes militares, diplomáticos y comerciales, enviados por teléfono, telefax, teletipo, radio y otros medios de comunicación. Ya no hay secretos valederos y espiarse se ha convertido en una actividad millonaria y altamente especializada que tiene dos campeones: Estados Unidos y China. Los dos grandes protagonistas de la lucha por el manejo de la economía y el liderazgo ideológico, mantienen un aparato para el espionaje que –según especialistas- es el más moderno del planeta.

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