El mito de la unión

Septiembre 24, 2013 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

El panorama actual confirma la realidad de la desunión de América Latina Daniel Ortega, presidente de Nicaragua. Se convirtió en el perturbador de la región. Quiere devorar otra parte de nuestro mar y llegar cerca a Cartagena. Lo mismo quiere hacer con Panamá. A Costa Rica le quiere quitar una parte tradicional de su territorio. Maduro, presidente de Venezuela, tiene antipatía evidente por Colombia bajo apariencia de relaciones normales. En su pleito con Norteamérica, considera a nuestro país como lacayo de Washington. Bolivia clama por una salida al mar y Chile desprecia su petición. Argentina conserva una vieja animosidad con Perú, que sus gobiernos tratan de ocultar. Uruguay siempre ha tenido recelos con Argentina, que se han incrementado por la ubicación de una empresa para producir papel en la frontera. Chile y Perú tienen serio diferendo marítimo por tres islas.José Mújica, presidente de Uruguay, es hombre de malas maneras y lenguaje de taberna. Llamó a la presidenta argentina: “Vieja peor que el tuerto”. Una ofensa que jamás le perdonará. Dominicanos y haitianos tienen frontera caliente. En América Central todo el mundo se mira con recelo. Existen relaciones complicadas que se tratan de ocultar por los presidentes del Área. Perú y Ecuador tienen una larga historia de odio. Los dos grandes, Brasil y México, compiten por su influencia y se miran distantes –sin un propósito común que los identifique.* * * Luis Alberto Guarda, escritor español, escribió un comentario sobre mi nuevo libro. Dice lo siguiente: “Uno de los mayores errores de la dirigencia de América Latina es la ausencia de una política conjunta para su mayor desafío: la integración en un bloque poderoso. En el libro de Ramiro Andrade Terán: “América Latina: El Mito de la Unidad”, se analizan factores que lo han frustrado, se describe el turbulento proceso de las divergencias de las naciones del área. Y se critica a dirigentes que mantuvieron un clima de rivalidad en el “Continente de la Esperanza”. En su obra, de notable contenido y excelente estilo, se escribe lo funesto que resultó sus países actuar por su cuenta, para entenderse con la Unión Europea; el bloque de Estados Unidos; y los asiáticos, con China a la cabeza”.

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