El mayor genocidio

Mayo 22, 2012 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

En Berlín, un grupo de intelectuales celebró recientemente un Congreso para recordar la hora nefasta del genocidio nazi, el terror y la brutalidad de la banda política que se apoderó de una nación con un pasado glorioso, para protagonizar el mayor genocidio que se recuerde en la historia moderna.Fue Goering quien, a nombre del Furrer, Adolfo Hitler, ordenó a Heydrich -conocido en los altos círculos nazis como “el hombre de corazón de hierro”- iniciar lo que se denominó la “solución final del problema”. Que fue el exterminio masivo y tecnificado de los judíos iniciado con la llegada de la primavera en Belzec, el 17 de Marzo de 1942. Ese campo de concentración tenía ya capacidad -por obra de Himmler- de matar con gas a 15.000 priosioneros. Al mes siguiente los nazis tenían operando a Sobibar con 20.000; Trenbliska con 25.000 y Auschwitz, que fue la institución más grande de aniquilamiento humano de la época. Allí fueron asesinados cuatro millones de judíos en el curso de la guerra. Ese campo fue muestra de la brutalidad del genocidio, con policías que disparaban primero y averiguaban después; torturadores con sus grandes látigos para la flagelación diaria; médicos que realizaban experimentos con humanos como si se tratara de ratas; trabajos forzados de 16 horas diarias; cámaras de gas con sus chimeneas por donde se introducía el letal zyklon B. Todo surgió en la mente de Hitler, obsesionado con su propósito de exterminar la raza judía. En 1941, por órdenes verbales suyas y apenas se inició la invasión de Rusia, fueron asesinados a tiros 500 mil judíos.En un siglo que conoció las ‘purgas’ de Stalin y las desgracias de dos guerras mundiales, las cifras de la ‘solución final’ horrorizan. En 1941 Hitler era dueño de la vida de ocho millones setecientos mil judíos. En 1945 -según el historiador Paul Johalson- ya había ordenado eliminar más de seis millones. Fue una operación de exterminio a gran escala que se ejecutó meticulosamente.En la historia moderna su exterminio -transportados en la noche como animales, en trenes fantasmales camino a la muerte - quedará como muestra de la infinita capacidad del hombre para justificar los peores crímenes, con el manto de una ideología perversa. Fue un “crimen innombrable”, como lo calificó Churchill: símbolo de la cobardía de Occidente que no reaccionó a tiempo para evitarlo.

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