El fracaso imposible

Diciembre 08, 2015 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Claro, preciso el Papa Francisco le advirtió desde La Habana al gobierno colombiano, la guerrilla y a los compatriotas, el desastre que sería el fracaso de las conversaciones de paz. Que –nadie lo dude– son la última oportunidad de lograr, por la vía sensata del diálogo, el acuerdo final a un enfrentamiento armado de tan terribles características como el que afecta la nación hace 54 años. Cuánta razón le asiste al Pontífice. Que se ha revelado no solo como el Pastor de una religión profesada por millones de fieles, sino como un inteligente, recursivo, hábil, mediador para la paz en el mundo turbulento de hoy y sus “conflictos de baja intensidad” que disimulan una triste realidad; falta mucho para que la humanidad respire aliviada con la vigencia de una paz plena, que incluya a todo el planeta y ofrezca la seguridad que la guerra no se repetirá. Como es el caso de Colombia que todavía vive el drama inicuo de décadas de matanza. “No podemos permitirnos otro fracaso más en este camino de paz y reconciliación”, afirmó el Pontífice. Mensaje directo a las partes en conflicto en Colombia, a quienes iba dirigido. Es bueno y de capital importancia que un líder espiritual de su inmensa categoría, señale de manera tan precisa el dilema que vivimos: o llega la paz real, efectiva, para siempre, o esta nación terminaría por desintegrarse por la continuidad de esa atroz contienda. Que ha sido patética muestra de todos los horrores y la inconsecuencia de sus actores principales y de la sociedad entera, que la dejó crecer como la luna llena, indiferente frente al tenebroso espectáculo. Los fracasos en los diálogos de paz anteriores que no llegaron a resultados positivos, crearon en los compatriotas un escepticismo de alto grado. Era corriente la demoledora expresión “esta guerra no tiene remedio”. Cuando todo parecía darles la razón, surgió esta última –definitiva, única– etapa. Que permitió varios milagros: la gente volvió a creer en que la reconciliación si era factible; las Farc anunciaron que estaban dispuestas al diálogo de paz, sin condiciones; y el gobierno hizo lo necesario para darle impulso, seriedad y esperanza a las nuevas conversaciones.En Colombia viene la paz. Es lo único que quedó a los combatientes de uno y otro bando: el fracaso de su estéril contienda. No ganó el gobierno: que debilitó el poder militar de la guerrilla, pero no la desapareció. Ni la insurgencia: que no tumbó al Estado Social de Derecho ni lo cambió por un régimen comunista. En la mente de millones apareció claro que la única alternativa visible era el acuerdo final.

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