El final de la guerra

Junio 30, 2015 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Las Farc están utilizando una modalidad de guerra económica, que se practica con un mínimo de militantes y causa efectos negativos inmensos en estructuras y daño a los ciudadanos en materia esencial: los servicios públicos. Como fue la escalada de asaltos en Buenaventura y Tumaco, privadas de luz; el derrame de 3.100 barriles de petróleo de 10 camiones cisternas, en Puerto Asís; una torre volada que dejó en tinieblas a Caquetá; tres atentados contra el oleoducto transandino; ataques en todo el suroccidente de Colombia. Esa escalada terrorista es, -según habituales analistas del conflicto- producto de la política de las Farc de aumentar el número e intensidad de sus operaciones, para demostrar en las negociaciones de La Habana que tiene considerable poder.La guerra económica es producto del trabajo de organizaciones que cuentan con aparatos de inteligencia, tan importante en un conflicto. Sus dirigentes no toman en cuenta el rechazo colectivo a esas acciones que causan grave daño a la gente y priva de agua, luz y otros usos esenciales. En otras palabras, el pueblo -que las Farc afirman defender- paga los platos rotos de una guerra demencial, absurda, lunática, que bate el record de permanencia en América Latina. En El País de Madrid, se informó que más de un millón de personas se quedaron sin luz. Se vieron obligados a cesar temporalmente sus actividades, colegios, hospitales, pequeños comercios, agricultores de pequeñas parcelas, y otros grupos de gente de escasos ingresos. Obligadas víctimas del horror y la destrucción de la guerra. Es una “verdadera catástrofe ambiental y económica”, que hiere a “gente con ingresos ínfimos por la rebaja de las regalías donde son más necesarias”, según ‘La Vanguardia’, de Barcelona.Eso de “conversar en medio del conflicto” -verdadero acuerdo de orates- continuará aumentando la sangrienta intensidad de la guerra. Matar más para negociar la paz, parecería ser la tenebrosa consigna. A esos niveles de barbarie hemos llegado en una nación que hicieron un día que Dios estaba enfermo. Todos los niveles de crueldad y terror se han experimentado. El odio se acumuló y se expresa por boca de los fusiles; todas esas prácticas en este país consagrado -¡Qué ironía!- al Sagrado Corazón de Jesús. Medio siglo de una matanza que tiene que terminar en las actuales conversaciones que -si fracasan no tendrán oportunidad de repetirse. Así lo desean con fervor todos los compatriotas. La paz tiene que llegar en esta oportunidad irrepetible.

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