El declive de USA

Diciembre 24, 2013 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

En el Departamento de Estado de Norteamérica hay notable pesimismo sobre las relaciones de la primera potencia política, económica y militar del planeta y Colombia. Estados Unidos dictaba cartilla en la conducta política nuestra, su desempeño económico, y su actividad militar. Más sencillo: éramos una colonia más de la poderosa nación. Que había ganado dos guerras mundiales, dominado el comercio mundial, tenía en sus manos el destino de Europa y manejaba a Latinoamérica con un dedo. Eso cambió. Poco a poco se perfilaron hechos nuevos entre USA y Latinoamérica. Que avanzó en su complejo proceso de integración, superada la negra etapa de las dictaduras militares. Permisibles a la extrema influencia norteamericana; nidos para sus consorcios internacionales; y fuente única para la compra de productos básicos – a precios muy favorables-. En círculos imperialistas de USA se tenia en cuenta la frase de Eduards: “Si no se controla América Latina no se puede controlar el mundo”. Nuestro Continente se ha librado en apreciable medida de la influencia desmedida del Tío Sam. Que por años, manejó a su antojo a nuestros países con su férrea mano. En una especie de segunda liberación, Latinoamérica comprendió que era imprescindible para su desarrollo manejar sus asuntos con autonomía, tener una política económica propia y liberarse de la cartilla de USA, en todos sus asuntos. Coincidió esa etapa con la pérdida de influencia gringa en todo el mundo. El declive norteamericano sirvió a América Latina de escalón para ascender en el escenario mundial y establecer una relación con Europa, mucho más directa. La cercanía actual con los europeos ha producido beneficios ostensibles que pueden ser de mayor alcance en el futuro. Latinoamérica encontró un segundo comprador – grande y confiable – para sus productos. A muy buen tiempo puso en práctica la sentencia de José Marti: “Un país que tiene un solo comprador está perdido”. Que era lo que venía ocurriendo en estas tierras. La nueva política de la región debe mantenerse y estimularse. Es insensato, absurdo, una política de guerra abierta con los norteamericanos. Pero ineludible mantener legítima independencia para actuar frente a ellos. En el mundo de hoy – de grandes bloques – Latinoamérica no tiene otra alternativa que unirse y defenderse como un nuevo bloque. Esa es la política del futuro y Estados Unidos no tiene otra alternativa que admitirla. ¡Feliz navidad a mis lectores!

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