El carrusel de la muerte

Diciembre 07, 2010 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Un efímero momento de relaciones sexuales, sin ninguna prevención, puede convertirse en un pasaporte directo a la eternidad. En efecto, en Cali, la maligna plaga del Sida se ha convertido en una amenaza mortal. Según información de El País, “tan sólo el 9% de los caleños, usa preservativos”. La infección se ha propagado de manera alarmante y la falta de precaución de los interesados ha convertido lo que debe ser un jubiloso acto de amor, en una trampa mortal. Por culpa de la ignorancia, la torpeza, el descuido, el desprecio por la propia salud. La idea temeraria y sencillamente idiota de creer que “eso no me pasará a mí”.¿Falta que las autoridades encargadas de la salud pública aumenten la campaña para difundir los efectos de la promiscuidad sexual y sus terribles resultados?Por supuesto que sí. Pero, al mismo tiempo, quienes son los directos responsables de salvarse de un episodio sin regreso, son la pareja que se entrega al placer sexual con alegre indiferencia. Sin distingo de sexo. No le corresponde sólo al varón la responsabilidad de tomar precauciones y evitar algo siniestro. La compañera debe contribuir con decisión a que la relación no se convierta en un regalo envenenado.Hay muchos que libran obstinada lucha contra el condón. Adminículo que consideran un mal compañero de viaje que le resta calidez a tan grata faena. Eso puede tener cierta verdad, pero lo que está en juego -la propia vida- no es un daño del cual haya posibilidades de reponerse. No. Este es un viaje que no tiene regreso si los interesados se lanzan a la aventura, ignorando que puede ser la última. Que por no adoptar el único control existente se convertirán –sin saberlo- en portadores del temible virus.La gente muy joven –entre los 15 y 24 años, según las autoridades sanitarias- ocupa el segundo lugar con casos positivos, entre 1.800 pacientes, de Sida en Cali a partir de 1985. Los jóvenes tienen una fuerte tendencia a considerar el condón como algo despreciable. Entre los 30 a 50 años el preservativo tiene mayor uso. Y entre los 80 a 90 afirma un melancólico amigo: “Ya no hay que preocuparse del asunto por debilidad en el motor de arranque”. Algo sombrío, “Mon Dieu”... El carrusel de la muerte. Cuando se preserva el amor también se gana una batalla por la existencia. Las autoridades sanitarias están cometiendo un pecado de incalculable trascendencia: falta de información. Que meta miedo. Que eduque a la gente. Al fin y al cabo de lo que se trata es de salvarlos de la muerte.

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