El cáncer de la violencia

El cáncer de la violencia

Septiembre 14, 2010 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

El Foro Económico Mundial (FEM) es una de las organizaciones más respetadas en la evaluación del atractivo que las economías del planeta tienen para la inversión y los negocios. En su último informe el FEM estimó que Colombia ocupa el puesto 68 entre 139 naciones. Un puesto bastante regular, por no decir malo. En el mismo informe se establece que ese hecho tan desfavorable se origina en un factor principal: la situación de orden público que ha azotado al país por décadas y tiende a convertirse en crónica. Para decirlo de manera más franca: la sangrienta confrontación armada que se mantiene, a pesar de los esfuerzos de pasados gobiernos y el anuncio del presidente Santos de luchar por erradicarla en los cuatro años de su mandato.La violencia interna es un cáncer que de no erradicarse terminará con el colapso de las instituciones democráticas, la estabilidad del gobierno, una crisis económica inmanejable, el aislamiento continental y la pugna entre organizaciones armadas por mantenerse en el gobierno de diversas regiones donde lograron establecerse. Un sombrío porvenir que -duele reconocerlo- no es una invención: responde a una cruda realidad que los colombianos no quieren reconocer.Se generalizó la tendencia, miope, de dejar al gobierno de turno la tarea de acabar la guerra interna que ha ido creciendo, década tras década, frente a la indiferencia de quienes habitan las ciudades más importantes y se sienten a salvo del flagelo. Una inmensa tontería: la confrontación afecta a todos y se extiende como plaga maligna que, de no ser controlada, acabará con la democracia colombiana. Si todos los ciudadanos no se comprometen en una solución a fondo, llegará el día en que nuestro país será un remedo de nación, destruida por los combates, arruinada por su altísimo costo y abandonada por Latinoamérica como un país destinado a desaparecer.La Nación tiene que reaccionar contra un futuro tan adverso. No se trata de elevar la violencia a niveles superiores a los que hoy tiene. Se trata de vincular a los colombianos demócratas en un gigantesco movimiento de apoyo para terminar con el macabro episodio. “Obras son amores y no buenas razones”, reza la sentencia. Santos tiene la oportunidad de pasar a la historia si impulsa una cruzada por la paz que ponga fin a un enfrentamiento de tan funesta naturaleza.

VER COMENTARIOS
Columnistas