El camino culebrero

Agosto 19, 2014 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Doy por sentado que el acuerdo que pone fin a la absurda confrontación que vivimos será firmado por las partes de un conflicto del cual nadie puede declararse vencedor. Gobierno y Farc -enfrentados en una confrontación sangrienta, estúpida, inútil- mantuvieron esa guerra sin sentido por largos años. Quedó -por su puesto- un claro perdedor: Colombia. Al país le espera una compleja, costosa, difícil, etapa: consolidar la paz. Que no se logra con la firma de un documento que sella el compromiso de silenciar los fusiles. Ahora viene la necesidad de reparar daños causados por el irracional conflicto; asimilar el regreso de los combatientes; generar -gobierno, sector privado, sociedad civil- un alto número de empleos que den trabajo y seguridad social a un elevado número de personas que lo necesitan. Y que, si quedan a la deriva, será un foco recurrente para problemas que lesionarán en materia grave el esfuerzo colectivo de adecuar el Estado a la terminación de la guerra. Todo un camino culebrero que va a demandar esfuerzo, imaginación, apoyo nacional e internacional, para un plan muy concreto y eficaz que solo tiene una alternativa: resultar satisfactorio. La paz no es un problema retórico. Hay que cimentarla con hechos. Es un proceso que ocasiona –además- un cambio estructural, social y político. Los factores que causan guerras internas, casi siempre tienen origen en la desigualdad social. El marginamiento, la miseria, alto desempleo -entre otros casos- son caldo de cultivo para enfrentamientos armados. La finalización de un conflicto atroz, como el nuestro, es oportunidad de iniciar una transformación nacional a fondo que, desde luego, incluya en primer lugar la pacificación. Colombia no será la misma el día que concluya la sangrienta etapa que hemos vivido. Hay que adaptarse al nuevo tiempo, a los problemas no conocidos que vendrán, la exigencia de un cambio efectivo del país, la ineludible necesidad de adaptarlo a las exigencias del Siglo XXI en Latinoamérica. Y acabar con plagas sociales que socaban la estabilidad de una nación que -a pesar de la desgracia de la guerra- salió adelante y puede lograr, con esfuerzo colectivo, un sitio mejor en la escena latinoamericana. Colombia demostró que tiene capacidad para superar sus peores desgracias. Le espera un futuro magnífico si toda la nación se une para lograrlo.

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