Ejemplo para la paz

Agosto 30, 2011 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Algo se mueve en el inestable mundo de la paz. De eso poco hablan sus más encumbrados protagonistas: el presidente Santos y ‘Alfonso Cano’. El primero tiene un apoyo ciudadano que llegó al 80%. El otro tiene las riendas de las Farc con mano firme. Es decir, los dos disponen de autoridad y fuerza para negociar. Santos se ha revelado como un mandatario capaz con ideas claras sobre el desarrollo económico. Quiere pasar a la historia. Cano, según personas que lo conocieron en conversaciones de paz, es un hombre con capacidad intelectual.Uno y otro actúan con extrema cautela en el terreno movedizo de crear condiciones que permitan iniciar un diálogo. Sobre eso, la opinión pública no tiene muchas esperanzas, por los fracasos anteriores. Pero está fatigada con un conflicto donde todos pierden y ninguna de las partes ha logrado acabar con el adversario. Surge la pregunta: ¿Santos y Cano se resignarán a esa situación de punto muerto a que han llegado los contrincantes? Pienso que no. Ellos no ocultan sus deseos de pasar a la historia. Y la mejor manera de lograrlo es acabar una lucha estéril y sangrienta.No es fácil hacer pronósticos sobre la confrontación armada que lleva casi 50 años. Pero hay ciertos indicios sobre una nueva salida negociada que podría estar en camino. ¿Qué opinan de esto los colombianos? La inmensa mayoría aspira a que se logre la paz. Sin muchas esperanzas. El país está fatigado de una violencia absurda que amenaza ser herencia que dejaremos a nuestros hijos. Algunos desconsolados compatriotas piensan que la paz no es posible y que estamos destinados a vivir, por los siglos de los siglos, el infierno de la guerra interna. No es así. Basta recordar lo ocurrido con el Mundial de Fútbol.Por unos días nuestros compatriotas decidieron olvidarse de la guerra y gozar una paz perfecta disfrutando de un deporte al cual millones rinden culto. Por voluntad colectiva se produjo un fenómeno de tranquilidad protagonizado por compatriotas de las más diversas expresiones políticas, económicas, sociales, raza o religión.La gente decidió vivir esa fiesta deportiva en absoluta tranquilidad. Fue una especie de tregua que demostró que es posible acabar con la locura del conflicto y hacer que la paz sea una realidad. El fin de la lucha no es asunto de elites: es de todos. Como se comprobó en esa inolvidable jornada que se caracterizó por la ejemplar conducta de todos los colombianos.

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