Democracia amenazada

Agosto 21, 2012 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

La mayoría de los colombianos detestan la política y los partidos. Ese sentimiento se extiende por todos los sectores de la vida nacional y se expresa en un hecho concreto: de los ciudadanos en condiciones de votar, más de un 75% no lo hace. Esa crisis de la actividad política viene de años atrás. Salvo etapas muy breves de fecunda actividad democrática los ciudadanos terminaron por condenar a la política y, en particular, los procesos electorales. Probablemente el último gran suceso de movilización alrededor de objetivos sociales y políticos, fue el proceso democrático y popular de la ‘revolución en marcha’, de Alfonso López Pumarejo. Ese gran caudillo liberal sacudió un partido que había caído en una larga siesta ideológica y alejado de la solución de los problemas de una sociedad en desarrollo. Con López Pumarejo la Nación enfrentó el atraso social y el abandono de las ideas de renovación y cambio que siempre distinguieron al Partido Liberal. Contra López y su gobierno progresista se confabuló una coalición derechista, retrograda, que frustró la continuidad de un proceso de cambio y desarrollo social.Para el liberalismo, la crisis tuvo repercusiones funestas. Perdió el rumbo de avance progresista que lo ha distinguido y terminó –después de etapas de sombría violencia– en el Frente Nacional, al lado del Partido Conservador. Que trajo la pacificación de una nación perturbada por la violencia política pero detuvo el desarrollo ideológico de los partidos y los convirtió en agencias burocráticas de alto nivel.Esa apatía y repudio por la política y el proceso electoral tiene proporciones muy grandes y es una amenaza muy peligrosa para nuestra vida democrática. Los ciudadanos, en una mayoría creciente, se abstienen de votar, de intervenir en los procesos políticos, y miran el Congreso con antipatía y recelo. La actividad ideológica perdió importancia. En otras épocas fue el motor de la renovación y el progreso. Eso sufrió un cambio radical. En la actualidad la creciente abstención, el desgano por la política y los procesos electorales, siguen en aumento. La democracia colombiana padece de raquitismo ideológico y ausencia de liderazgo. Está huérfana de un propósito nacional para sacar al país de dos plagas malignas: La violencia interna y el narcotráfico. Que –de continuar indefinidamente– terminarán por hacer daño irreparable a la Nación y su vida democrática.

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