Decadencia partidista

Julio 03, 2012 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

El expresidente Carlos Lleras Restrepo afirmó en algún momento que “El país está descuadernado”. De eso han pasado años y ha corrido mucha agua bajo los puentes. Pero algo sigue igual: el país está tan descuadernado como en los tiempos en que Lleras Restrepo era la personalidad más notable -y enérgica- de Colombia. Que no ha resuelto sus problemas cardinales, sin un norte claro ni una jefatura real al frente de la sociedad.Partidos no hay: se los llevó el viento huracanado del clientelismo y la penuria ideológica; la corrupción que penetró en sectores de la vida política; las fracturas internas de las colectividades tradicionales y el desprecio de una buena parte de los ciudadanos por ellas. Que ya no atraen, sin mística y propuestas de interés nacional, como faros en el mar proceloso de los conflictos sociales.El antipartidismo se impuso. Los organismos políticos se hundieron en su fracaso para enfrentar una situación social cada vez más tormentosa. O acabar con una lucha armada que llegó a los 50 años. Esos partidos que dieron soluciones a los problemas públicos en el pasado, se encuentran huérfanos de ellas. Los vicios que invadieron la política y el Congreso tuvieron efecto letal en la vida de las colectividades.El sainete que ha vivido el país con el escandaloso ‘affaire’ de la Reforma a la Justicia, es una muestra inequívoca de la decadencia de los partidos. Si las cosas siguen como van, no sería sorprendente que el Estado Democrático colapsara y viniera un movimiento popular que los eclipsara. “Hay que renovarse o morir”, escribió Papini. La sentencia viene bien a nuestras organizaciones partidistas.El Congreso enterró la reforma a la Justicia. No tenía más por hacer que darle sepultura. Ese engendro ya estaba muerto. Por obra de la indignada mayoría de colombianos que, en esta oportunidad, no tragó entero. Pero el asunto no termina allí. Con la misma decisión, debería conformarse un activo movimiento multipartidista para rescatar la política y el Congreso de su actual decadencia. A través de una nueva Asamblea Nacional Legislativa. Que remplace a un Parlamento que -por lo que se vio con la Reforma a la Justicia- no tiene remedio. Lo que no debe hacerse es dejar un Congreso que no cumple con sus funciones de control. Y es la agencia central del clientelismo que invadió la política y otros organismos de la Nación. A grandes males, grandes remedios.

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