Cerrar Naciones Unidas

Cerrar Naciones Unidas

Agosto 26, 2014 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Valdría la pena que los gobiernos que la integran se pusieran de acuerdo en una medida: cerrar Naciones Unidas (ONU). Un organismo paquidérmico, costoso e inútil, que a duras penas sirve para pagar servicios políticos y temporadas vacacionales, muy bien remuneradas, a los amigos de los gobiernos. La crisis entre naciones poderosas o débiles, van y vienen. Los muertos por esos enfrentamientos aumentan y el Planeta mira con temor lo que ocurre. La ONU nombra funcionarios de alto rango que -supuestamente- intentarán soluciones negociadas; emite declaraciones pomposas, y el enfrentamiento sigue su marcha. Debería cerrarse, acabar con su costosa inutilidad de nido de burócratas de alto rango. El caso de Ucrania - Rusia - Europa (con el sórdido y brutal episodio del misil que derribó el avión de Malasia con saldo de 298 muertos) es patética muestra de la violencia que viene creciendo, a todos los niveles -para resolver las crisis. Como instrumento de altísima peligrosidad y riesgo de provocar un enfrentamiento entre los grandes ‘padrinos’ -Estados Unidos, Rusia, China, Europa Unificada- tienen bien cuidado su armamento nuclear. Esas naciones tienen el arma para acabar con la humanidad. El temor se extiende por el universo. Y -lo peor- no existe organismo con autoridad, acatado por los grandes, que actúe con rapidez y ponga fin a la escabrosa situación por la vía del acuerdo negociado.El terror gana terreno para dirimir situaciones conflictivas. El país que tiene mayor armamento nuclear lleva ventaja a quien lo tiene en menor cantidad, o no lo tiene. La diplomacia del miedo se apoderó del Planeta. El cuento que el siglo que vivimos es el ‘Siglo de la Paz’, es una expresión mentirosa de analistas cándidos. ¡Vaya optimismo! La humanidad se acostumbró a esa atmósfera agresiva y letal que -de progresar indefinidamente- podría provocar la más terrible hecatombe conocida. Las relaciones Estados Unidos - Rusia están marcadas por intereses contrapuestos de vieja data. Washington no está dispuesto a ceder su hegemonía -debilitada; y Rusia -con el ambicioso Putin a la cabeza- aspira a robustecer su esfera de influencia y disputar poder a los norteamericanos. Las dos potencias conspiran contra la paz. Y el mundo tiembla, mientras montañas de declaraciones inocuas van y vienen.

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