Carta a José Pékerman

Julio 15, 2014 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Admirado José:Usted ha sido mágico protagonista de un episodio singular: a la cabeza de los muchachos que integran la Selección Colombia protagonizó un episodio que galvanizó a toda la nación; le devolvió la fe perdida en la maraña de conflictos como la sangrienta guerra civil no declarada y otras formas de violencia. Miles de compatriotas volvieron a creer en algo. Salieron del escepticismo colectivo en la gestión del gobierno, los partidos, la cultura y otras manifestaciones sociales: Algo muy grave: cuando un país pierde la fe en sus instituciones camina al basurero de la historia.La fe – y no solo la religiosa – es un poderoso instrumento en el destino de los ciudadanos. Mueve montañas, derriba gobiernos corruptos, promueve acciones memorables en beneficio de la humanidad. Es – en fin – instrumento en el desarrollo de los pueblos y en particular de cada persona que – con su concurso – realiza las más complicadas acciones y la solución a problemas muy complejos.Eso de devolver a una nación entera la fe, el entusiasmo, la pródiga alegría en su Selección, no es poca cosa. No se trata solo de apoyar y disfrutar el fútbol – el deporte de miles de millones, es lograr el milagro que un pueblo golpeado por la violencia, la corrupción, el desgobierno, el descrédito de los partidos, etc, etc, salga de esa pasividad característica de quienes no tienen objetivos nobles para conquistar y preservar una democracia dinámica, con definido acento social a favor de los sectores más deprimidos. Sin ellos se estanca el progreso, el avance para eliminar las barreras entre una clase opulenta y otra en el borde de la pobreza absoluta.Lo ocurrido con la Selección fue un corte radical con la desesperanza y pasividad enfermiza de una sociedad decadente. Buena parte de eso se lo debemos a usted, señor Pékerman, a su talento, a su discreta pero efectiva conducta, a su conocimiento psicológico del alma de los pueblos. Y a su envidiable capacidad para estructurar, dotar de ganas, fe, entusiasmo, patriotismo, el alma de admirables deportistas que protagonizaron no solo una hazana deportiva, sino un espectáculo de amor a su patria, de carácter, de fortaleza frente al adversario. Logró que un país atormentado recobrara la fe en una Selección que ha dado la lección magistral de aglutinar, darle nueva esperanza, a los atribulados compatriotas que habían perdido toda su capacidad de creer y soñar.

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