Cadena perpetua

Cadena perpetua

Noviembre 25, 2014 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Hay cierto tipo de delitos -los más infames, dolorosos- contra el sector más querido, desprotegido, inocente: los niños. Con horror e indignación leo que en este desgraciado país, niños de 7-9-11-12 años y adolescentes de 15 a 17, son objeto de agresiones sexuales. Hay una maldita cadena de delincuentes que se encarga de raptar menores para venderlos a depravados. Oscuro, imperdonable delito, que prospera hace años. A ciencia y paciencia de quienes están en la obligación de castigarlo y acabarlo y -muchas veces– se lucran con esa forma delincuencial.En esta nación -que parece acumular las formas más extremas y oscuras del delito– sus peores manifestaciones están a la vista, como el coctel maligno. De todo, como en botica. Para romper campeonatos de crimen, maldad, sevicia, tortura, etc. Vienen y van. Las autoridades tienen obligación de prevenir y acabar con esa plaga infame contra la infancia. No ocurre así. Hay culposa despreocupación por un acto criminal repugnante.Las penas para castigar a los autores no intimidan. Es verdadera lástima que no exista la cadena perpetua. Los ciudadanos de todas las tendencias políticas deberían conformar un Comité por la defensa de niños y adolescentes, que presionara a los parlamentarios para expedir ley que establezca –para estos casos- la condena perpetua. El hecho material de un delito tan infame, está acompañado de una agresión sicológica de altísimo nivel; de un trauma que deforma y marca la personalidad del ofendido. Eso debe castigarse con una pena que excluya de la sociedad –para siempre– al agresor. Condena de por vida, solo para este caso.Gobiernos que tienen una avanzada y científica concepción del problema, mantienen un organismo integrado por especialistas en este abominable crimen. Médicos, pediatras, consultores, para la prevención –en lo posible– de esta odiosa modalidad del delito y la atención médica del ofendido, en los no muy numerosos casos en que éste revela la inicua agresión de que fue objeto. En Colombia –donde lo ‘in’ es copiar lo de EE.UU. y países europeos– debería conformarse algo semejante. Cuidar, proteger, curar, atender a los niños, es sagrada y grata obligación del Estado. Los congresistas deberían tomar esta iniciativa que les traería simpatías que tanto necesitan. Y las familias impulsarla con decisión, hasta lograr que en las leyes aparezca la condena de por vida a los criminales que incurran en delito tan infame y despreciable.

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