Ausentismo parlamentario

Ausentismo parlamentario

Septiembre 10, 2013 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

En el Congreso hay de todo: parlamentarios serios y capaces que asisten a las sesiones plenarias y comisiones; ausentistas persistentes que no lo hacen pero cobran, cumplidos, el sueldo; honestos que cumplen sus obligaciones y rechazan sobornos por manejos turbios en el trámite de los proyectos de Ley; expositores de talento, frente a los que solo hablan para contestar a lista. Con más de 20 años en la Cámara y el Senado pienso que es mayor el número de congresistas honestos, diligentes, capaces, defensores de sus regiones, que el de los deshonestos, ausentistas y listos a vender su voto al mejor postor.La Nación tiene el peor concepto del Parlamento y los congresistas. Poco distingue entre buenos y malos. Todos son escoria, piensa. A ese extremo llevó la conducta deshonesta de parlamentarios que, con su equívoca conducta, le hicieron daño difícil de remediar a una de las instituciones democráticas básicas. “Logra fama y échate a dormir”. La fama pésima, colectiva, llena de indignación, cubrió a todos sus miembros: buenos, malos, honestos, cumplidos, ausentistas. La palabra ‘congresista’ se convirtió en sinónimo de corrupto. Estar en el Parlamento era mancha y no dignidad. Una presunción de malos manejos y sobornos. El parlamentario que actuaba con decencia, cumplía puntualmente con sus deberes, era honesto e independiente del gobierno a quien hacia un buen control político, y trabajaba con conocimiento en la elaboración de las leyes, tenía que esforzarse para escapar a ese juicio indiscriminado contra los que llegaban a ese alto destino.Sí. Pagaron justo por pecadores. La sociedad tardaba mucho en distinguir en el Congreso al honesto del pícaro; al cumplido en asistencia del vago ausentista; al trabajador que hacía debates, elaboraba ponencias, informes, proyectos de ley, del que pasaba las sesiones en un mutismo absoluto y jamás hacía una intervención, salvo para contestar a lista y reclamar su cheque. Podría decirse que hay dos Congresos. Uno limpio, activo, honesto, creador de leyes, con debates de control de los organismos del Estado. Y, otro, sucio, manchado por la corrupción y subordinado al gobierno de turno. A cambio de empleos públicos y favores del gobierno. Eso es intolerable. Quienes sean elegidos están obligados a cumplir sus obligaciones. O que se revoque su mandato si no lo hacen.La gente tiene en sus manos la posibilidad real de sancionar a los congresistas que no cumplan con sus deberes. Escogiendo muy bien por quien votan. O promoviendo la revocatoria del mandato. Que es lo que no ocurre.

VER COMENTARIOS
Columnistas