Atentado contra el libro

Enero 04, 2011 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

¿Llegará el día que la humanidad deje de leer? Para desgracia colectiva es probable que eso ocurra en algún sombrío momento. El libro, sencillamente, desaparecerá. El mejor amigo del hombre, su centinela en el velador de la alta noche, el que deleita, educa, divierte, cuenta la historia, sería sustituido por resúmenes muy breves en la televisión. Será un asesinato imperdonable del conocimiento y la cultura. Un contacto masivo, uniforme, superficial, para borregos, que se emite como si fuera un comercial más. En una pantalla que se ha convertido en la dueña y señora de los millones que la disfrutan y embrutecen con algunos de sus espacios.¡El libro muere! En Colombia, un autor que sea leído por dos mil de los 40 millones de habitantes del país puede considerarse afortunado. Salvo García Márquez: auténtico genio literario, dueño de una prosa que atrae por millones a lectores que lo serán para siempre.Los estudiantes ya no necesitarán leer a Cervantes, Tolstói, Balzac, Borges y otros escritores famosos. Se les entregará un ‘resumen’ de la obra de los grandes de la literatura, con los cuales tendrá un misérrimo contacto de minutos. El atentado a la inteligencia del lector y la soberana estupidez que esta mutilación significa, se viene practicando en Inglaterra y en ciudades de Alemania. En muy poco tiempo, en la pantalla de su computador -que se usará como el bolígrafo- cualquier persona podrá seleccionar esos breves resúmenes para ‘leer’ libros. Mientras, las millones de obras confeccionadas en las imprentas dormirán el sueño de los justos; en la basura, o en los más oscuros recovecos de las viviendas. Parias olvidados que dieron la más grande satisfacción a sus dueños; motor de las ideas políticas y sociales; pintores de las transformaciones históricas; por sus páginas pasa toda la historia de la humanidad.Duelen mucho esos anuncios sobre el futuro del libro. Y de los periódicos. Algunos pretenden hacerles una operación similar y quitarles el inigualable gozo que se siente por su contacto mañanero. No creo que eso prospere: los lectores no serán tan torpes para admitirlo.A quienes hemos pasado la vida en la maravillosa y excitante peripecia de leer, subrayar, comentar, libros y periódicos, nos basta saber que si esa imbecilidad se consolida, la humanidad habrá entrado en irremediable decadencia. Hay que confiar que el libro sobrevivirá a tan oscuras acechanzas y que nos iremos de este mundo con este amigo inigualable, intacto, en nuestras bibliotecas.

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