Aroma de paz

Aroma de paz

Febrero 17, 2015 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Flota aroma de paz. Ha desaparecido la idea, del pasado, que las conversaciones son inútiles. Las que se realizan en el presente han sido un éxito. Gobierno y guerrilla lograron avances para el final del conflicto. Que ha dejado rosario de muertes, asaltos, enfrentamientos; el campo abandonado, y las ciudades amenazadas por la violencia. Algo que podría ocurrir -y Dios no lo permita- si las actuales conversaciones de La Habana llegan a un mal final.El fracaso de los diálogos de paz, dejó sentimiento negativo sobre su eficacia. Y condujo a creer que estamos condenados a matarnos hasta que el infierno se congele. Esa desoladora actitud, ha tenido cambio sorprendente: los colombianos han vuelto a confiar en la posibilidad de acuerdo para el fin de la guerra. En la certeza que no es solo odiosa, inaceptable, cruel, y dañina: es inútil. Nadie gana y todos pierden. Esa idea llegó al gobierno y los jefes guerrilleros, incluso ‘Timochenko’. Que viajó a La Habana, y acabó el rumor de los interesados en que la guerra siga, para su personal beneficio. Quedo claro, que las Farc tienen una sola posición y su jefe máximo la comparte.El proceso, que la nación sigue con ardiente esperanza, tiene dos etapas, silenciar los fusiles: la primera. Negociar con las armas guardadas -y listas para utilizarse- es una redomada tontería. Hay que comenzar por allí: acabar el enfrentamiento armado. Para iniciar otra, en extremo compleja y costosa: sembrar las paz; hacerla perdurable, resolver problemas de tanta magnitud como la vinculación a la sociedad de los excombatientes. Que tendrán, también, obligaciones específicas para afianzar la pacificación, y formar parte activa en el desarrollo nacional. Evolucionar de organización militar, a pacífico conglomerado civil, con sitio en las instituciones, en la tranquila etapa de la paz nacional.Una tarea como esta, exige unidad para la pacificación. Nadie puede dejar de apoyarla, sin renunciar al partido, o grupo político, al que pertenezca. Además -siempre en función de asentar el acuerdo- la nación debe emprender obras sociales que la impulsen. Hacer por las buenas algo que se intentó por las malas. Un proceso de renovación que Colombia necesita y la saque de un inmovilismo funesto. Cada país debe “renovarse o morir”, escribió Papini.

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