Actúa o se acaba

Actúa o se acaba

Marzo 10, 2015 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

La Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes es el organismo más desprestigiado -por inútil- que existe en la Nación. Las acusaciones formuladas a su consideración duermen, para siempre, en sus anaqueles. Eso lo sabe la sociedad colombiana. Que llegó a olvidar que ese despacho existe y vegeta, en un Congreso lento que no cumple con su función esencial de control al Ejecutivo. A la Comisión llegó demanda, “en un supuesto caso de soborno del presidente de la Corte Constitucional, Jorge Ignacio Pretelt Chaljub, instaurada por su colega Mauricio González Cuervo”. Es uno de los escándalos más grandes y rudo golpe a la imagen de la Corte Constitucional. Al que se agrega el del señor Pretelt. No basta que se declare inocente. Está obligado a dar explicaciones precisas, contundentes, verídicas, oportunas, de actuaciones suyas en el caso que despertó enorme interés e indignación en la opinión.Esa estéril Comisión tiene oportunidad de resucitar: ganar el respeto perdido, reivindicarse ante el país, trabajando en serio, con absoluta honestidad y objetividad, en el publicitado ‘affaire’. Que los colombianos quieren ver escudriñando sin sombras, castigados los comprometidos en algún delito; y que deje claro que la impunidad no seguirá reinando.Si no ocurre y la Comisión de Acusaciones no actúa, ni ve, ni oye, ni sanciona si es necesario, el movimiento nacional para acabarla será inatajable. Del colombiano corriente algunos organismos judiciales se han burlado sin rubor. Comentaristas de todos los partidos, tendencias, grupos sociales, coinciden en que esa afrenta es intolerable. No se puede maltratar y mofarse de la gente indefinidamente. Este sórdido asunto debe esclarecerse y producir resultados concretos: devolver fe en la cuestionada Justicia.Si eso ocurre, como desea la Nación, el ponente, parlamentario Julián Bedoya, entrará en la historia grande, noble, de Colombia. Si -por el contrario- como ha ocurrido tantas veces en la Comisión, duerme allí sueño eterno: ese organismo del criticado Congreso tendrá que desaparecer por incontenible y enérgica protesta ciudadana. Hay que repetir hasta el cansancio: funciona, o estará listo su entierro. Sobre el punto, ya hay pacíficos, silenciosos, efectivos, ‘Comités de Derechos ciudadanos’, listos para actuar si es necesario. Una sociedad adormilada, sumisa, cobarde, permisiva, es camino seguro a que el Estado de Derecho se desplome y la Nación termine en el basurero de la historia.

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