Acogida en EE.UU.

Acogida en EE.UU.

Marzo 18, 2014 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Publiqué en este diario una columna de condena a la guerra y al presidente Obama que la había justificado. Esa opinión tuvo inesperada acogida y elogio del importante escritor norteamericano, James Thomas Snyder, quien participa de la tesis: ninguna guerra es gloriosa. Es importante que una columna de El País tenga acogida en la prestigiosa ‘Palgrave Macmillan Series’. Algo que anima a continuar la maravillosa experiencia de escribir y comunicarse con miles de lectores.Maduro y Venezuela. ¿Puede gobernar un presidente con la oposición de la mitad de su país? Es el caso de Maduro. Que utiliza la violencia y viola derechos esenciales para mantenerse en el poder en Venezuela. Más tarde -o más temprano- tendrá que irse. Esa sería solución incruenta para la crisis política, económica y social, que vive el vecino. Al punto que los venezolanos con bolívares en los bolsillos, aguantan hambre: los estantes de los supermercados están vacíos de productos de primera necesidad. Irritante paradoja: nuestro rico vecino tiene inmenso océano de petróleo, el ‘oro negro’ que le produce grandes ingresos, pero sus dirigentes se contentaron con vivir de esa única fuente de entrada fácil y no crearon otras riquezas. La economía se debilitó, con la secuela del desempleo y otras dificultades que se originan por la dependencia de vivir de un solo producto. El país sintió sus estragos. Hoy tiene una situación en extremo complicada que afecta la población en lo esencial: el abastecimiento. La gente no come bolívares -que los hay y en buena cantidad-. Necesita leche, carne, medicina, arroz y otros productos que no hay. Eso ha creado un airado descontento y enfrentamientos armados, que tiende a generalizarse. El malsano proceso ha sido tratado con manifiesta incapacidad y violencia, por el presidente Maduro. De reconocida torpeza para manejar una nación tan compleja, con tanta riqueza potencial y un ingreso notable, por su petróleo. Ya van 21 muertos en las manifestaciones de protesta contra el dictador.Colombia no puede ser indiferente a la dramática situación del país fronterizo. Si la turbulenta etapa se agrava y aumentan los enfrentamientos, Colombia podría quemarse -sin buscarlo- en un fogón ajeno. América Latina ha obrado con indiferencia frente a esa situación. Una mezquina actitud que muestra de lo lejano que está la unidad continental. Eso de dejar hacer y dejar pasar en una nación hermana es inadmisible. O peor aun: criminal. Latinoamérica tiene el deber de preservar la paz de las naciones que la integran y mediar en sus conflictos.

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