Sainete humanitario

Octubre 02, 2010 - 12:00 a.m. Por: Rafael Rodríguez Jaraba

La señora Piedad Córdoba, más que opositora del gobierno, es adversaria de Colombia. Su aversión a las instituciones democráticas supera su lealtad con la Nación.Afirmar que Colombia es una fosa común, pedir a la Unión Europea que presione al Gobierno para que dialogue con la banda narcoterrorista de las Farc y obstruir las exportaciones de los productos colombianos al mercado europeo, es un despropósito inexcusable que denota indolencia y desarraigo, y que sólo se puede esperar de una mente desnaturalizada.No es necesario ser afecto al gobierno para reprochar la conducta de la señora Córdoba y deplorar su prédica desapacible, que para su infortunio, no logra promover el resentimiento y la polaridad entre los colombianos.Sus arengas e injurias en foros internacionales contra el Estado colombiano, es un permanente desafío a la legalidad y un flagrante abuso de la inmunidad parlamentaria que la ha protegido. La democracia, que la señora Córdoba desconoce y pretende destruir, es la misma que la ha mantenido y tolerado.Su amorosa obsecuencia por Chávez y su simpatía vergonzante con la subversión, demuestran que sus intereses políticos son ajenos a la seguridad nacional y a la estabilidad democrática.Su eficaz participación en la liberación de secuestrados siempre despertó muchas dudas; para algunos fue un inestimable gesto humanitario, para muchos, un vulgar tráfico de cautivos. Su postración servil ante Fidel Castro, su camaradería con los adversarios del Estado colombiano y su apoyo a las belicosas alucinaciones expansionistas que propala el seudo socialismo del Siglo XXI comprometen la lealtad que le debe a Colombia y a sus instituciones.Pareciera que los halagos del Golpista de Miraflores y las convulsiones delirantes de la banda narcoterrorista de las Farc le son irresistibles y superan su sensatez y buen juicio. Hay que ser muy débil o ingenuo para subyugarse a las fanfarronadas de Chávez, o utilitarista y pérfido para hacerles el juego a los amos y señores del crimen, el secuestro, la extorsión y el narcotráfico.Su conducta alevosa denota ausencia de ideas e indigestión de ideologías fallidas del pasado. Su diatriba, antes que debilitar la democracia, la cohesiona y fortalece.La señora Córdoba dice militar en el Partido Liberal que hace parte de la coalición, pero paralelamente le hace desleal oposición al gobierno. La falta de carácter de la raquítica cúpula liberal tolera la ambigüedad de la señora Córdoba y sus actos lesivos a la dignidad nacional.Nunca como ahora, Colombia necesitó de una oposición constructiva y persuasiva; que evite el unanimismo, la indulgencia y el conformismo; que exija pulcritud, competencia y acierto; pero no de una oposición que socave la seguridad y la gobernabilidad que con tanto esfuerzo y sacrificio hemos logrado.La oposición que ejerce la señora Córdoba se nutre del infortunio nacional; prefiere congraciarse con Chávez y con el terrorismo, que tener un gesto de nobleza con la Nación y de apoyo a sus perfectibles instituciones democráticas.Se requiere coraje para hacerle el juego al golpista venezolano y ceguera deliberada para ser indiferente ante las atrocidades de narcoterroristas y paramilitares.

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