Recesión, moneda y banca

Agosto 27, 2012 - 12:00 a.m. Por: Rafael Rodríguez Jaraba

La arrogancia de la Junta Directiva del Banco de la República es similar a la del presidente Santos; la de la Junta se funda en la autonomía técnica que le confiere la Ley, la de Santos en pretender hacer de sus errores aciertos y de sus derrotas triunfos.Con sus enrevesadas decisiones, tanto el Emisor como el Presidente están llevando al país a un retroceso cada día más evidente. Los brotes recesivos del mercado no son reflejo de la crisis mundial, sino consecuencia directa de los yerros de un Gobierno sin norte y de un Emisor invencible por presumir que es el único avezado en materia monetaria, cambiaria y crediticia.Es así como la gobernabilidad de la Nación se ha empezado a erosionar, la seguridad a debilitar, la confianza a desvanecer y la economía a contraer. Los únicos indemnes en esta coyuntura son los narcoterroristas y los establecimientos de crédito, que en épocas de baja gobernabilidad y de desaceleración económica antes que afectarse se favorecen; los primeros, con la debilidad del Estado, y las segundas, con el encarecimiento del endeudamiento.Con su política dubitativa y repentista, Santos sigue malogrando mucho de lo que logró el gobierno de su mentor y determinante de su elección, en materia de seguridad, gobernabilidad, promoción social y confianza inversionista. Pareciera que las mayores preocupaciones de Santos son su imagen, las encuestas, su reelección, sus viajes al exterior y sus fines de semana en Cartagena.Por su parte la Junta del Banco, intimidada por el fantasma de la inflación, sigue tomando decisiones, que antes que prevenirla, la provocan, y de contera, desalientan la economía y revierte su tendencia favorable. Su terquedad al mantener una tasa de intervención alta, encarece el peso, desploma el dólar, desalienta el consumo y lucra más al sector financiero. Restringir y encarecer la oferta monetaria, en un país desbancarizado y ávido de crédito, alegando una supuesta expansión monetaria, es un despropósito. Al Emisor le faltan razones técnicas para sustentar sus decisiones, que como siempre, fortalecen al sector financiero y debilitan al sector real.El alto costo del dinero eleva los costos y disminuye el consumo; promueve el arribo de capitales itinerantes, estimula las inversiones especulativas, disuade las inversiones productivas, atiza la especulación y obstruye el crecimiento.Pero el Emisor prefiere sacrificar al sector productivo y en particular a los exportadores, antes que afectar los intereses de los bancos. Si su preocupación es la calidad de la cartera del crédito de consumo, debería exigir mayor ponderación en su colocación y no castigar al sector productivo encareciendo de manera indiscriminada el crédito.Ojalá que el Presidente reflexione y pueda reorientar su gestión, y el Banco no siga asfixiando la economía.Colofón I. El Fiscal General debe renunciar. Su sainete en el caso del Señor Sigifredo López evidencia absoluta irresponsabilidad. A nadie se le puede privar de la libertad sin prueba o evidencia cierta. Reconocer errores engrandece, pero de esta clase, empequeñece, máxime cuando se ha protagonizado semejante show mediático. Al final los ciudadanos terminaremos pagando la reparación del daño inferido al Señor López y perdiendo, aún más, la confianza en la Fiscalía.Colofón II. La reforma a la Justicia sigue aprobada y sin promulgar, y Simón Gaviria y el Viceministro de Justicia sin renunciar.

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