Populismo y ruina

Populismo y ruina

Diciembre 18, 2015 - 12:00 a.m. Por: Rafael Rodríguez Jaraba

La primavera venezolana se acerca, y hacia Cuba soplan vientos de libertad. Pareciera el comienzo del fin del Socialismo del Siglo XXI y del sanguinario y ruinoso Comunismo del Siglo XX.Para no quedarnos en tan solo el análisis de las nefastas secuelas que deja el régimen chavista, revisemos las razones por las cuales el populismo se tomó a Venezuela y a varias naciones del hemisferio. A lo largo de la historia el populismo ha sido una alternativa contestataria provocada por la exclusión social y la incapacidad de los Estados para resolver las demandas ciudadanas. Su presencia es reacción consecuente a la incapacidad de los gobiernos para afrontar el origen de los problemas, e inmanente al subdesarrollo, que por antonomasia, es la falta de educación, la ausencia de políticas de planificación demográfica en los sectores marginados, la corrupción y el desempleo.Tradicionalmente y salvo excepciones, los gobiernos latinoamericanos, ejercidos por partidos políticos tradicionales, antes que prospectar modelos de desarrollo sostenible, se ocuparon de perpetuar un statu quo tan solo bueno para aumentar los privilegios de las minorías en desmedro de las mayorías, concentrar la riqueza y masificar la pobreza.Gobernantes apoltronados en las mieles del poder y seducidos por el halago de estrechos círculos económicos, pronto olvidaron que la razón de ser del Estado es el progreso, y que este no es otro que la satisfacción de las necesidades sociales y el aumento de su capacidad de compra de la población.La corrupción y el abuso nutren la inconformidad y la desesperanza, y crean condiciones propicias para la irrupción de propuestas populistas que prometen agenciar los intereses populares.Cuando el populismo llega al poder, se afinca en la gratitud que provocan el asistencialismo limosnero, las subvenciones y los subsidios que prodiga, lo que termina fletando conciencias, neutralizando críticos y amistando adversarios.De la práctica rampante de populismo da buena cuenta la entelequia del Socialismo del Siglo XXI, que valiéndose de dádivas logró arrendar la conciencia de muchos y construir consensos por utilitarismo y conveniencia. La carencia de una política económica sostenible y la adopción de decisiones irreflexivas financiadas de manera irresponsable con la riqueza petrolera, terminaron develando la incapacidad y el totalitarismo mesiánico de un régimen enajenado por el resentimiento y la frustración.Tras la muerte de Chávez Venezuela tuvo la oportunidad de revertir su destino; pero la pasión pudo más que la razón. Los venezolanos siguieron embriagados bajo los efectos del populismo y el facilismo propio de la falta de educación los consumió.La riqueza del petróleo pudo haber hecho de Venezuela una de las naciones más prósperas del mundo; sin embargo, hoy es una de las más caóticas y anárquicas. Es claro que en Venezuela, como en toda América Latina, la pasión vence a la razón y la ciencia pierde con la ideología.Pero como siempre sucede, toda aventura populista llega a su fin y la sociedad desengañada termina retomando la cordura. Ojalá que la amarga experiencia venezolana, ayude a preparar verdaderos estadistas capaces de modificar su rumbo y el rumbo del hemisferio.Que nadie se extrañe que el estruendoso fracaso de la aventura chavista termine germinado la semilla reprimida de la libertad en Cuba.

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