Populismo insostenible

Marzo 16, 2013 - 12:00 a.m. Por: Rafael Rodríguez Jaraba

Tras la muerte de Chávez, Venezuela tiene la oportunidad de revertir o reafirmar su destino. Ojalá que la razón y no la pasión, asista a los venezolanos.Lo fácil, es que sigan embriagados bajo los efectos del populismo; lo difícil, que intenten construir una socialdemocracia amplia y sostenible, inmune a corrupción, caudillismo, exclusión e ideología obligatoria.La riqueza del petróleo pudo haber hecho de Venezuela, una de las naciones más educadas y desarrolladas del mundo. Sin embargo, hoy es una de las más caóticas y anárquicas. Es claro que en Venezuela, como en toda América Latina, a la razón la vence la pasión y a la ciencia la ideología.Para el sur del continente americano, la primavera del Siglo XXI parece perdida. Estos primeros años del siglo están siendo signados por el resurgimiento del populismo demagógico que socava el tenue afianzamiento logrado en algunas democracias de la región. Esta aventura regresiva es un camino seguro a la incertidumbre que predice pocas esperanzas de progreso.Este retroceso, posterga el sueño de hacer de América Latina una región progresista, sostenible y determinada por la educación y el orden.La demagogia populista, vieja estrategia política que enciende emociones y desata pasiones desmedidas, de nuevo florece. Su retórica, que ofrece concesiones cortoplacistas que halagan la sensibilidad de los pobres, ha conseguido embaucar a la población y apoltronarse en el poder.Los discursos incendiarios contra países desarrollados y sociedades e inversiones extranjeras, solo consiguen promover odio, resentimiento y frustración en la población. El nacionalismo exacerbado, propio de aldeas autárquicas y minorías xenofóbicas, está suplantando la integración entre naciones.La retórica populista pretende remplazar la planeación y el desarrollo sostenible, con medidas repentistas de buen recibo popular, pero aventuradas e incapaces de superar el corto plazo.La caridad, la filantropía, los subsidios y la beneficencia, si bien tienen un efecto positivo temporal, terminan siendo inútiles por solo remediar las consecuencias y no las causas que originan los problemas estructurales de la sociedad.Contrario a los postulados que predica la izquierda radical, el aumento desmesurado del gasto agudiza el déficit, provoca endeudamiento, encarece impuestos, desata inflación, causa desempleo y finalmente pauperiza más la pobreza.Es claro que los gobiernos del llamado eje bolivariano, por haber desbordado su capacidad de gasto no han tenido alternativa distinta a obstruir la monitoria de sus políticas monetarias y cambiarias. Por eso no es aventurado esperar más caos y desorden en sus finanzas, nuevas expropiaciones, nacionalizaciones, aumento de impuestos y hasta emisión furtiva de dinero para engañosamente financiar su desmesurado gasto. Este libreto regresivo no es nuevo.La región no debe seguir el sendero perdido del comunismo totalitario, que tanto atraso y abuso trajo al mundo. Pareciera que para Chávez (Qepd), Fernández, Morales, Correa y Ortega, no les resultó suficiente el rotundo fracaso del régimen comunista y de nuevo quieren experimentar su doctrina.Pero no olvidemos, que el populismo no es espontáneo, lo provoca la frustración que produce en la sociedad, la ausencia de ética en la política, de virtud en los políticos y de acierto y pulcritud en los gobernantes.

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