Perversa dicotomía

Mayo 10, 2016 - 12:00 a.m. Por: Rafael Rodríguez Jaraba

La paz es un bien inestimable anhelado por todos que a nadie le pertenece, que no puede servir de mercancía política ni de pasaporte a la impunidad. Si bien la consecución de la paz merece los mayores esfuerzos, su búsqueda no puede llegar a quebrantar el orden social y a pervertir nuestra débil y perfectible democracia y sus instituciones.No conozco a nadie que quiera la guerra. Tampoco conozco a nadie que no quiera la paz. Por eso considero falso, perverso y mal intencionado afirmar que todo aquel que no esté dispuesto a apoyar el modelo de paz con impunidad del gobierno Santos, es amigo de la guerra y enemigo de la paz.Quienes así lo manifiestan, maltratan e irrespetan a la inmensa mayoría de colombianos que no están dispuestos a premiar las fechorías y los delitos de lesa humanidad, cometidos por la millonaria banda narcoterrorista de las Farc.Con esta prédica desleal, que no es más que un chantaje velado, el Gobierno y las Farc pretenden intimidar a la población para lograr su adhesión a un modelo de paz, que premia el crimen, burla la inocencia, quebranta la legalidad y entrega las instituciones a los criminales.Al parecer, para el Gobierno, el problema no son los actos criminales de Farc; el problema son los ciudadanos que no están de acuerdo con que sean gratificados.No en vano, los serios reparos al modelo de paz que promueve el Gobierno, coinciden con las observaciones del Fiscal de la Corte Internacional de Justicia que administra el Estatuto de Roma, que juzga los crímenes y delitos de lesa humanidad; así como con las denuncias de Human Rights Wach, y las reservas de Amnistía Internacional.Colombia no puede seguir avanzando hacia un insondable desfiladero, que podría terminar agudizando la violencia y desterrando toda esperanza de paz. Es claro que la nación no es consciente de los alcances de los acuerdos que a sus espaldas y en contravención a la Constitución y la ley, se vienen fraguando en La Habana.Tampoco los colombianos tienen conciencia de que el Gobierno con el beneplácito de una bancada parlamentaria dócil y obsecuente, fletada con el pago de solapadas prebendas, pretende reformar la Constitución Nacional violentando su espíritu y desconociendo y sustituyendo de manera ilegal al Constituyente Primario y al mismo Congreso.Así como no conozco enemigos de la paz ni amigos de la guerra, tampoco conozco a nadie sensato que crea que la paz se consigue fortaleciendo y enriqueciendo a los criminales y debilitando a las instituciones.No es concebible que un gobierno que cuenta con menos de 15% de aceptación popular, persista en sacar adelante a cualquier costo, un proceso que tan solo provoca mayoritario repudio nacional.Si queremos una paz verdadera, segura y estable, debemos tener claro, que la violencia no cesará renunciando al imperio de la justicia, quebrantando la ley, premiando la villanía, burlando la inocencia y cediendo el control de las instituciones a los delincuentes.El camino no es la paz con impunidad; el camino es el fortalecimiento de la educación y la justicia, únicas capaces de propiciar y mantener el orden, garantizar la libertad y perpetuar la vida pacífica de la sociedad.Colofón. Es difícil precisar, si es un mal chiste o una cínica burla, decir: “Las Farc serán aliados del Gobierno para combatir el narcotráfico”. Juan Manuel Santos.Sigue en Twitter @RRJaraba

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