Los sabios escuchan

Los sabios escuchan

Marzo 28, 2012 - 12:00 a.m. Por: Rafael Rodríguez Jaraba

Las señales que la Junta Directiva del Banco de la República está enviando al mercado, son de debilidad y no de fortaleza, y en su afán por combatir el fantasma de la inflación está agudizando la revaluación.Que no se olvide que es al Gobierno, y no al Emisor, a quien le corresponde dirigir la economía y controlar los precios del mercado, hoy encarecidos por el invierno, el alza de algunos comodities y en especial por las prácticas predatorias de un puñado de productores que, abusando de su posición dominante o de prebendas proteccionistas, expolian a su antojo el consumo.El Banco no ha entendido, que la actual revaluación está creando el escenario perfecto para imprimirle a la economía colombiana un nuevo gradiente de equidad social. Su intervención debería alejarse del facilismo ortodoxo, que por encarecer el dinero favorece a pocos y perjudica a todos.Se requiere que el Banco, de manera decidida y sin titubeos, reduzca la tasa de intervención que cobra por los créditos que otorga a los establecimientos de crédito, forzando la caída de las tasas de interés y disuadiendo el arribo de capitales extranjeros en busca de inversiones especulativas de portafolio, que son las que en buena medida causan sobreoferta de divisas y con ello el repunte del peso.Los exportadores agobiados por el desplome de la tasa de cambio imploran su intervención, que básicamente consiste en seguir de manera aplicada el viejo libreto de salir al mercado a adquirir en forma masiva y visible divisas, para generar artificialmente una mayor demanda y, por ende, el repunte del dólar.Pero la revaluación también se puede revertir, si: se ejerce mayor vigilancia sobre los intermediarios cambiarios; se reducen las tasas de interés; se promueve la apertura de cuentas de compensación; se estimula la compra de derivados financieros; y se incentiva la demanda de divisas mediante la reducción de aranceles a las importaciones de bienes que no produce el país.En los actuales momentos mantener una tasa de intervención cara, con el pretexto de evitar una expansión monetaria y con ello un brote inflacionario, es un desvarío inexcusable.Restringir y encarecer la oferta monetaria en un país desbancarizado y ávido de crédito, en cambio de exigir a las instituciones financieras prudencia en la colocación de créditos de consumo, devela una política facilista lejana a la realidad y cercana al yerro.Es inaudito, que el gobierno esté orientando recursos para subsidiar la tasa de interés de los créditos de vivienda, cuando el mismo Estado puede reducirla. Hacerlo, es tanto como dedicar parte del presupuesto para que los bancos puedan aumentar sus utilidades.Ojalá que los miembros de la Junta Directiva abandonen la arrogancia y escuchen los mensajes que les envía el mercado.***La Banca se tomó El Tiempo. Apartir de ahora, es poco probable que El Tiempo denuncie los abusos de los bancos.***La Dama de Hierro. Lo que sería un homenaje terminó siendo una afrenta. A MargaretThatcher le sobraba el carácter que a muchos gobernantes les falta. Es imposible tener aprobación general sin falsear los valores y las convicciones que inspiran la vida. La anarquía hace que la legalidad sea una debilidad.

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