Lección no enseñada

Lección no enseñada

Mayo 07, 2012 - 12:00 a.m. Por: Rafael Rodríguez Jaraba

Si a los niños se les enseñara la Teoría de la Ventaja Comparativa, no sería necesario explicarla tardíamente a los adultos. Al respecto, Paul Samuelson, Premio Nobel de Economía dijo:“La Teoría de la Ventaja Comparativa es indiscutible; no necesita ser demostrada ante un matemático. No es banal como aparenta, pues son miles los hombres importantes e inclusive inteligentes que nunca han podido deducirla, ni fácilmente comprenderla cuando se las explican".De ahí la dificultad de muchos de entender, que la liberalización del comercio genera arribo de nuevas inversiones, mejoramiento de la oferta, disminución de precios, crecimiento de la demanda, freno a la inflación y principalmente, expansión económica, nivelación gradual de ingresos y progreso social. Así lo demuestran la teoría, las matemáticas y las estadísticas. Hace dos siglos las bondades de la Teoría de la Ventaja Comparativa fueron probadas por David Ricardo, pero esta lección sólo fue entendida y atendida a partir de 1940.Pocas actividades humanas han sido tan calumniadas como el comercio mundial, al punto, que la pobreza que creó el proteccionismo se la quieren endilgar a la globalización, cuando fue la globalización la que develo la pobreza y la marginación que sembró el proteccionismo. Las personas que aún siguen protestando por la puesta en marcha del TLC, no sólo ignoran las bondades ciertas del intercambio mundial, sino que además no se percatan que sus manifestaciones son opuestas a sus aspiraciones. Los opositores, tampoco saben que sus protestas constituyen inmerecido apoyo a los sectores que han expoliado a su antojo la población, gracias al proteccionismo del Estado y a los subsidios mimetizados que durante años han recibido del erario. Es lamentable que ahora con el TLC, estos mismos sectores hayan obtenido más protección como consecuencia de la pasmosa debilidad del gobierno frente a su vociferante presión.El presidente J.F. Kennedy dijo: “Todos somos consumidores; muy pocos productores”. Por eso hubiera sido deseable una mayor participación de los consumidores en las negociaciones del TLC.Los consumidores fueron convidados de piedra y sus intereses mal agenciados por el gobierno, quien a pesar de haber logrado en conjunto una buena negociación, fue débil y complaciente ante las argucias de algunos productores nacionales.Para la tranquilidad nacional, el TLC con Estados Unidos es inofensivo. En nada compromete nuestra soberanía y autodeterminación. Su simetría contractual, es decir, las grandes diferencias de los mercados de los dos países, es ampliamente generosa y benévola con Colombia.El Tratado abre un promisorio mercado norteamericano conformado por más de 278 millones de compradores con buena capacidad de compra, a cambio de ofrecer un mercado nacional de 41 millones de colombianos, la mayoría de ellos con exiguo y vergonzoso poder adquisitivo.Ante lo insuficiente que resulta este espacio para abordar con hondura el alcance del TLC, concluyamos diciendo que la competitividad, y no el libre comercio, debería ser tema de preocupación nacional. De nada sirve suscribir tratados, si no competimos con productos diferenciados, y si el gobierno no da testimonio de estabilidad legal, fiscal y monetaria para atraer nuevas inversiones.

VER COMENTARIOS
Columnistas