La Reforma Tributaria

Octubre 27, 2012 - 12:00 a.m. Por: Rafael Rodríguez Jaraba

Al presidente Santos no le resultaron suficientes más de dos años de Gobierno para diseñar una verdadera Reforma Tributaria. La que propone es coyuntural y no estructural.El proyecto denota improvisación; mantiene la inequidad, atomiza la tributación, consolida los privilegios y hace más difuso el recaudo. De no modificarse, probablemente termine como las reformas a la Educación y la Justicia.Por dedicarse a cultivar su imagen, el Presidente sacrifica lo estructural por lo superficial. De nada le ha servido haber sido elegido por una abrumadora mayoría y disponer de un Congreso dócil y obsecuente para promover las reformas que requiere la Nación.Sobrecoge la falta de planeación de su Gobierno, pues no se entiende cómo antes de promover su pomposa Ley del Primer Empleo, que tanta desigualdad, elusión y evasión ha provocado, no prospectó una reforma tributaria estructural.Al parecer, es imposible gobernar un país con una agenda atiborrada de viajes y eventos, la mayoría, protocolarios o superfluos. Vale la pena preguntar cuánto tiempo dedica a estudiar, analizar y proyectar sus decisiones, y cuál es y qué dimensión y profundidad tiene su programa de Gobierno.Es inexplicable que el proyecto que impulsa no acabe de una vez por todas con los tributos que castigan la generación de empleo, encarecen el crédito y desalientan la inversión. No existen razones técnica para mantener el pago de los mal llamados parafiscales, así como del impuesto a las transacciones financieras y al patrimonio. Para compensar la abolición de estos tributos, es imprescindible eliminar todas las exenciones y deducciones que socavan y aminoran el recaudo del impuesto de renta, y, que por beneficiar a pocos, aumentan la brecha social. La eliminación de exenciones y deducciones incrementaría la tributación y permitiría una reducción general de impuestos.  Asimismo, se debería disminuir y universalizar el impuesto de renta, estimulando la inversión, la expansión económica y la disciplina fiscal. Pero antes de hacerlo y respetando los derechos adquiridos, se deben derogar las leyes que crearon los Contratos de Estabilidad Jurídica y las Zonas Francas Especiales. Es inconcebible que la misma ley promueva la inequidad y que la Corte Constitucional no haya declarado inexequibles estos mecanismos que contravienen el derecho fundamental a la igualdad.De esta manera, si el Gobierno pretende obturar la elusión y la evasión, debe promover una reforma radical a la mal llamada Sociedad por Acciones Simplificada. No son pocos los ilícitos cometidos y que se siguen cometiendo con este esperpento societario, entre ellos, el carrusel de la contratación, el desfalco a la Dian, la simulación de las cooperativas de trabajo asociativo y la elusión fraudulenta del Impuesto al Patrimonio.En suma, sería inexcusable que el Congreso aprobara una reforma, que en esencia: malogra la oportunidad de racionalizar el régimen tributario; ignora el déficit fiscal; condiciona la estabilidad fiscal a ingresos inciertos; y, renuncia a recursos que con urgencia requieren la educación, la salud, la justicia, las pensiones y la infraestructura.El Presidente debería comprometer mayores esfuerzos en gobernar y no tantos en figurar. Se le está acabando el mandato y el sainete de La Habana, por ilegítimo y predecible, día a día irá perdiendo audiencia.

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