La dignidad no se vende

opinion: La dignidad no se vende

Juan Manuel Santos no debe olvidar, que jamás hubiera llegado a la...

La dignidad no se vende

Julio 23, 2010 - 12:00 a.m. Por: Rafael Rodríguez Jaraba

Juan Manuel Santos no debe olvidar, que jamás hubiera llegado a la Presidencia sin haber sido Ministro de Defensa del gobierno Uribe y sin haber contado con su decisivo apoyo.Si bien fue abrumador su triunfo, es claro que lo logró, gracias al elocuente reconocimiento que la Nación le rindió al presidente Uribe y a su ‘Política de Seguridad Democrática’.A pesar de tan cara deuda de gratitud, es necesario que demuestre tener talante de estadista, independencia y prudente distancia de su mentor. Pero para lograrlo, no debe apostatar de sus convicciones, comprometer su ideario de valores, y menos, mostrar titubeos, debilidades y dobleces frente a la hipocresía insuperable de Hugo Chávez, cómplice confeso de la banda narcoterrorista de las Farc.Normalizar las relaciones con Venezuela es una necesidad vital y sentida, pero lograrlo empeñando la lealtad con la Nación y sus fuerzas armadas, vendiendo la dignidad nacional y feriando el decoro, sería repudiable. No vendamos el honor por un puñado de dólares, ni postremos la vergüenza nacional a quien a su antojo la ha irrespetado y mancillado.No esperemos hermandad ni cooperación de quien pretende debilitarnos, someternos y vejarnos. No pequemos de ingenuos ante el juego vulgar, taimado y premeditado del ‘Golpista de Miraflores’. No olvidemos sus irrespetos, injurias y calumnias al presidente Uribe y a la Nación entera.No ignoremos sus falsas prédicas; no caigamos en el engañoso anzuelo de su locuacidad enferma; no ayudemos a oxigenar y perpetuar la desgracia del pueblo venezolano; no cejemos en exigir respeto y en condenar su contubernio con el narcoterrorismo.Día a día, sin prisa y sin pausa, Venezuela avanza hacia una profunda crisis que indefectiblemente terminará minando su gobernabilidad. Ya ni los incautos soñadores de la redención tardía del comunismo, ni los creyentes del fracasado modelo de la ‘Economía Central Planificada’, se atreven a apostarle a la sostenibilidad de un modelo fincado en la prebenda para fletar turbas o en la represión para someterlas.Chávez no ha construido nada, pero sí ha destruido mucho. Pauperizó a Venezuela y sigue jugando con su futuro. Promovió la lucha de clases y fracturó su sociedad. Malogró la integración del hemisferio y alineó el país en la liga internacional del terrorismo.La historia será implacable con Chávez y lo condenará con severidad por el derroche de la riqueza venezolana. La posteridad lo caricaturizará, como un fanfarrón abusivo, mesiánico y retardatario, que anegado por la riqueza y ahogado en su ignorancia invencible, agudizó la pobreza y prolongó el subdesarrollo del país de Bolívar.El deseo de Chávez, de asistir a la posesión presidencial de quien no ha cesado de llamar, mafioso, criminal y paramilitar, evidencia su demagogia farisea, disparatada y desvergonzada. Su sainete soez, procaz y altanero no merece instalar carpa en la Plaza de Bolívar y menos en el recinto más preciado de nuestra siempre perfectible democracia.No es tiempo para la duda. Es tiempo para la certeza y la firmeza. No vendamos el honor por unos dólares que se pagan con deliberada demora ni por falsas ilusiones y esperanzas antes fallidas.La Dignidad no se vende.

VER COMENTARIOS
Columnistas