La debilidad del bien

Enero 03, 2016 - 12:00 a.m. Por: Rafael Rodríguez Jaraba

Para finalizar el año lo que faltaba; los cabecillas de las Farc hostigando al Gobierno por demorar el indulto y la excarcelación de 30 delincuentes. Los criminales terminaron apremiando al Gobierno.Contrario a lo que la nación esperaba, el proceso de paz terminó siendo una negociación entre ‘iguales’ y no el sometimiento de un grupo narcoterrorista.Si se estudia con rigor y de manera leal el texto del Acuerdo de La Habana, se puede concluir, que la paz supuestamente se alcanzaría mediante la implementación de cinco estrategias: 1. Jurisdicción para la Paz. 2. Comisión de la Verdad. 3. Unidad de búsqueda de desaparecidos. 4. Medidas de reparación. 5. Garantías de no repetición.Es claro que en ningún aparte del acuerdo -que parece más una rendición de Estado con apariencia de armisticio- se menciona el cese de actos terroristas, de extorsiones, secuestros, narcotráfico, lavado de activos, reclutamiento de menores, intimidación a la población civil y proselitismo armado; y menos aún, entrega de armas, desmovilización, reconocimiento y reparación integral de víctimas por parte de los victimarios, y sometimiento incondicional a la justicia por la comisión de delitos de lesa humanidad.En resumen, el acuerdo parece el libreto de un sainete de cinco actos, que tiene como fondo institucionalizar la impunidad, premiar criminales, burlar inocentes y someter al Estado al querer de los terroristas.En él quedó claro, que las Farc no pagarán penas privativas de la libertad en condiciones carcelarias normales; es decir, las sanciones (no penas ni condenas) que imponga el Tribunal para la Paz, tendrán tan solo finalidad restrictiva de libertad y movimiento, e inclusive, quedando abierta la posibilidad que las Farc puedan participar en la elección de sus jueces y de la ‘sanción’ que recibirían por sus crímenes, no quedando obligadas a reparar sus víctimas a pesar de ser el tercer grupo terrorista con mayor riqueza en el mundo.De esta forma queda claro, que al final los delincuentes impusieron todas las condiciones a un Gobierno obsesionado, no por lograr la paz sino el Nobel de Paz.La sentida necesidad de alcanzar la paz, no nos debe inducir a la ingenuidad, y menos, a renunciar al ideario de valores y principios en que se funda nuestra perfectible democracia.Alcanzar la paz bajo la intimidación del malhechor, que obtiene capacidad para negociarla, prometiendo suspender sus fechorías a cambio de exigir caras prebendas, constituye rendición del Estado y premio a la felonía.Colombia no es una sociedad violenta, sino una sociedad sitiada por delincuentes violentos. Si queremos una paz verdadera, segura y estable, debemos tener claro que la violencia no cesará renunciando al imperio de la justicia, quebrantando la Constitución y la ley, premiando el crimen, y entregando la sociedad y sus instituciones a los criminales.La historia ha demostrado hasta la saciedad, que la impunidad estimula la criminalidad y solo trae más inseguridad y violencia.El Despachador de Hadera dijo: “La debilidad del bien es la fortaleza del mal, y esta se nutre, de la indolencia de la sociedad intimidada por los malhechores”.P.D. Feliz año para mis pacientes lectores. Para el nuevo año les prometo mejor análisis, mayor profundidad y buena letra para que me entiendan. Felicidades.

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