Inflación provocada

Enero 10, 2016 - 12:00 a.m. Por: Rafael Rodríguez Jaraba

Es inconcebible que en los dos últimos años el peso colombiano haya perdido el 61,1% de su valor, sin que el Gobierno ni los gremios hayan hecho un pronunciamiento serio y coherente sobre semejante descalabro, que empobrece la Nación y compromete su estabilidad económica por duplicar la deuda externa, encarecer bienes, insumos y materias primas vitales para la industria, provocar inflación, pauperizar los salarios, causar desempleo y hacer más injusta la redistribución del ingreso.Lo sucedido en Colombia estremecería a cualquier nación civilizada y ocasionaría una emergencia, y hasta la renuncia de sus autoridades económicas. Pero en Colombia nada pasa; aquí triunfa la resignación.En teoría, la Tasa Representativa del Mercado (TRM) es un indicador que revela la valoración del peso frente al dólar, que se calcula diariamente con base en las operaciones de compra y venta de divisas en el mercado. Pero en la práctica, dichas operaciones las realizan los Intermediarios del Mercado Cambiario (IMC), que no son otros que las instituciones financieras, lo que hace que las fuerzas del mercado se reduzcan a los mismos IMC, quienes son los que fijan el precio de compra y venta del dólar, y no el mercado etéreo como se cree. Los IMC manejan el mercado a sus anchas, y el Gobierno y el Banco de la República guardan silencio.Lo que no logra el Emisor mediante operaciones de mercado abierto (OMA), fácilmente lo consigue un puñado de intermediarios, que revierten a su antojo la tendencia revaluacionista del peso y obtienen ganancias siderales.Es claro que el Gobierno con el favor de los IMC, está mitigando el déficit fiscal que causó con su gasto irresponsable, y que la devaluación atenúa la caída del precio del petróleo y aumenta artificialmente el ingreso de las exportaciones fiscales.Que nadie se equivoque; la inflación es consecuencia de la devaluación del peso, que ha sido solapadamente alentada por el gobierno y articulada por un sistema financiero voraz e insaciable, que cada día se lucra más del tecnicismo de las normas cambiarias y de la desinformación del mercado.Para justificar la revaluación del dólar, los IMC la atribuyen al desplome del precio del petróleo, a la devaluación que afrontan algunas monedas como consecuencia de la tenue recuperación de la economía americana, así como al decrecimiento de la inversión extranjera directa y de las inversiones de portafolio. De igual manera, al exiguo aumento de las tasa de interés decretado por la autoridad monetaria estadounidense (FED), lo que supuestamente induce el regreso de inversiones en el exterior.Esta prédica cándida, ajada y concertada, que es literalmente replicada en algunos medios, busca tranquilizar los mercados y hacer de la revaluación del dólar un fenómeno natural.Es ingenuo creer, que un aumento tan abrupto de la tasa de cambio se de en tan corto plazo, en una democracia estable, con un DTF por encima del 5% y en un mercado anegado de divisas atraídas por las altas tasas de interés.No hay duda que la inflación que golpea con dureza al país, es el resultado de una devaluación inducida, del fracaso de la política económica del Gobierno y de su gasto suntuario, y en especial, de la falta de independencia e incumplimiento manifiesto de las obligaciones que la Constitución le impone a la Junta Directiva del Banco de la República.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad