Espíritu javeriano

Noviembre 12, 2010 - 12:00 a.m. Por: Rafael Rodríguez Jaraba

Hace ocho décadas, los Jesuitas decidieron reabrir en Bogotá el claustro de estudios universitarios que durante la colonia regentaba la Compañía de Jesús, conocido en la época como Universidad y Academia de San Francisco Javier, hoy, Pontificia Universidad Javeriana.El espíritu libertario jesuita, inmune al conformismo, rebelde a la resignación, afecto a la superación y tan hondamente comprometido con la prevalencia de la dignidad humana, ha hecho posible el milagro de edificar una Casa Inmensa del Saber, para formar ciudadanos de bien, en ciencia, virtud y sabiduría. Durante 80 años, la Javeriana ha sido un foro deliberante, en el que ideas e ideales de todas las vertientes y matices, han encontrado espacio propicio y neutral para su debate y controversia. Su credo confesional cristiano, inmune al fundamentalismo excluyente y adversario de toda forma de discriminación, propicia que en sus aulas, se rinda homenaje permanente a la libertad, el libre albedrío, el respeto y el disenso.La labor desplegada por la Compañía de Jesús en favor de la consolidación de la educación superior en Colombia, es inestimable; sus logros y realizaciones superan toda medición, hacen austero el elogio y frugal el reconocimiento. No en vano, la Javeriana fue la primera universidad con acreditación institucional en Colombia.El influjo transformador del espíritu javeriano ha irradiado positivamente la vida nacional, y en sus aulas se han formado e inspirado muchos de los más notables líderes y dirigentes del país. Baste honrar la memoria de Luis Carlos Galán, Álvaro Gómez Hurtado y Rodrigo Lloreda Caicedo.El ideario de valores javerianos, fundamentado en la formación libre e integral del ciudadano como único agente transformador de su propia realidad y promotor del mejoramiento gradual de la sociedad, ha contribuido de manera decisiva al afianzamiento de nuestra perfectible democracia.Son pocos los placeres que he experimentado en mi vida, comparables al de haber cursado estudios de postgrado en las aulas javerianas, y ahora, el de tener el privilegio y la grave responsabilidad de frecuentarlas, para ayudar a formar profesionales íntegros, solventes y sobresalientes, que ayuden a redimir la esperanza de Colombia en su futuro y contribuyan a derrotar el conformismo, la mediocridad y la inequidad que nos asola.Sólo cuando se visita la Universidad Javeriana y se percibe su excelencia educativa, su rigor académico, su apego por la investigación, su sorprendente plataforma virtual, su insospechado soporte tecnológico, su avanzada infraestructura física, y su ejemplar organización corporativa, se es testigo del milagro javeriano.Honor a la Compañía de Jesús por su noble y silente obra social y por su irrenunciable compromiso con la construcción de una sociedad más justa, incluyente e igualitaria.Honor a la Pontificia Universidad Javeriana y a su espíritu libertario que vive en sus aulas e impregna el alma de quienes las trasiegan.Honor a la Comunidad Jesuita por invertir todo su fervor, esfuerzo y empeño en el insumo del progreso, en la semilla de la prosperidad, y en el germen de la paz: La Educación.

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