El sainete de la Casa Rosada

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En 1982, la invasión de las Islas Falkland por parte de la...

El sainete de la Casa Rosada

Junio 18, 2012 - 12:00 a.m. Por: Rafael Rodríguez Jaraba

En 1982, la invasión de las Islas Falkland por parte de la Dictadura Argentina me sedujo a realizar una investigación jurídica sobre el decurso histórico de este archipiélago ubicado a 483 kilómetros del extremo austral del continente americano.La investigación me permitió concluir que los argumentos esgrimidos por el dictador Galtieri para justificar la invasión, además de improcedentes e inadmisibles, contrariaban las más elementales normas que regulan el Derecho Internacional.Ahora como antes, el desprestigiado gobierno de la Señora de Kirshner apela al ajado libreto de reivindicar la pertenencia de esta ínsula británica y con ello tratar de apaciguar la reprobación mayoritaria que le produce a la opinión pública argentina su extravagancia y maquillada desinteligencia.Desconocer una posesión pacífica, legitimada por el más arraigado sentimiento de pertenencia británico de sus lugareños, es un desvarío que rememora las épocas en que el expansionismo no respetaba hechos ni derechos y desconocía los principios de autodeterminación, soberanía e impenetrabilidad del territorio extranjero.De nuevo el populismo de la Casa Rosada pretende reclamar la soberanía de las Falkland y la pretensión se fundamenta en manidas y revaluadas prédicas, que de ser atendidas reeditarían contiendas bélicas superadas.La osadía de la señora de Kirshner es un desafío a la paz mundial y una amenaza para los habitantes del archipiélago, quienes con emocionado orgullo proclaman su nacionalidad y consideran ocioso que se escrute su lealtad al Reino Unido. Afortunadamente el Gobierno británico, conocedor de la demagogia argentina, ha reaccionado con prudente firmeza.Es fácil predecir que el resultado del referéndum que consultará a los habitantes de las Falkland si quieren mantener su estatus británico o adoptar el argentino, será abrumador en favor del statu quo.Que no se olvide que en algunos territorios descubiertos o colonizados por los británicos, ni hubo ni se intentó la emancipación, porque no existían nativos o porque éstos no se sentían colonizados o porque algunos territorios carecían de condiciones que aseguraran su sostenibilidad como estados independientes.Ejemplo de ello son la isla Gran Caimán, las Bermudas y las Vírgenes Británicas, que se mantienen integradas a Britania y sus habitantes prefieren bienestar y progreso, que autonomía y pobreza. Baste recorrer las islas del Caribe para advertir el brusco contraste, en términos de desarrollo, entre las emancipadas de España y las integradas al Commonwealth.A todas estas, al Golpista de Miraflores y sus papalotes de Quito, Managua y La Paz, amigos de la arenga y la injuria, empero la decadencia de sus regímenes populistas, no les falta aliento para increpar altaneramente a Londres e incitar la locuacidad de la señora de Kirshner.Si la proximidad geográfica fuera argumento válido para reivindicar las Falkland, Canadá podría pretender la isla danesa de Groenlandia, la más grande del mundo, situada a tan solo 30 kilómetros de sus costas, Daniel Ortega a San Andrés y Chávez a las Antillas Holandesas.En suma, la cercanía geográfica que alega Argentina no es de buen recibo para el Derecho Internacional y sí devela la disparatada pretensión expansionista de un estado criollo que conquistó de manera espuria territorios indígenas y exterminó con crueldad a sus habitantes.

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