El Emisor tiene la palabra

El Emisor tiene la palabra

Agosto 27, 2010 - 12:00 a.m. Por: Rafael Rodríguez Jaraba

La revaluación está creando el escenario perfecto para que el Banco de la República le imprima un nuevo gradiente de equidad a la economía colombiana. Su intervención esta vez y como siempre, tardía y dubitativa, debería alejarse del facilismo ortodoxo que favorece a pocos y perjudica a todos.Los exportadores agobiados por el desplome de la tasa de cambio imploran su intervención, que básicamente consiste en seguir de manera aplicada el viejo y ajado libreto de salir al mercado a adquirir, de manera masiva y visible, divisas para generar artificialmente una mayor demanda y con ello el repunte del precio.Resulta irónico que para revertir la tendencia de la tasa de cambio, el Emisor, afecto al dogmatismo, y con ello, a la contracción monetaria, el encarecimiento del dinero, la reducción de la demanda, el fortalecimiento de la hacienda pública, y en últimas, la pauperización de la capacidad de compra de la población, apele a la Teoría de la Intervención Monetaria promulgada por Milton Friedman, padre de la Economía Social de Mercado y, quizá, el último libertario que conoció el mundo.Esta vez necesitamos que el Banco de manera decidida y sin titubeo, cambie la receta, reduciendo la tasa de intervención que cobra por los créditos que otorga a los establecimientos de crédito, forzando así la caída de las tasas de interés, abaratando el costo del dinero, alentando el mercado bursátil y disuadiendo el arribo de capitales extranjeros en busca de inversiones especulativas de portafolio que son las que en buena medida causan la sobreoferta de divisas y por ende el repunte del peso.La revaluación que arruina las exportaciones, se puede revertir, si se ejerce mayor vigilancia a los intermediarios cambiarios; si se reducen las tasas de interés; si se desalientan las inversiones en renta fija; si se promueve la compra de derivados financieros; y si se estimula el gasto de divisas mediante la reducción de aranceles a las importaciones de bienes que no produce el país.Mantener una Tasa de Intervención cara, bajo el pretexto de evitar una expansión monetaria y con ello un brote inflacionario, es un desvarío. Restringir y encarecer la oferta monetaria en un país desbancarizado y ávido de crédito en cambio de exigir a las instituciones financieras prudencia en la colocación, devela una política facilista lejana a la realidad y cercana al yerro.Causa hilaridad que el gobierno esté orientando cuantiosos recursos para subsidiar la tasa de interés de los créditos de vivienda, cuando el mismo Estado puede reducirla. Hacerlo es tanto como dedicar parte del Presupuesto Nacional para que los pobres bancos puedan aumentar sus utilidades.El alto costo del dinero concentra la riqueza y masifica la pobreza; alienta la especulación y desestimula el crecimiento de la economía real; premia a los especuladores y castiga a las empresas.Se quiera o no, y más temprano que tarde, el país deberá avocar un debate sobre la inexorable dolarización de la economía; entre tanto, el Banco de la República debe reducir la Tasa de Intervención para provocar la caída de los intereses, y el repunte de la tasa de cambio.Los sabios escuchan.

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