Educación y justicia

Educación y justicia

Agosto 06, 2012 - 12:00 a.m. Por: Rafael Rodríguez Jaraba

El Despachador de Hadera dijo: “El origen de la causa es causa de lo causado; inútil resulta combatir los problemas si solo se atacan sus efectos y no el origen de ellos”. Luego agregó: “No hay mayor causa de pobreza y confrontación que la falta de educación”. Evocar esta sentencia sobrecoge pues, por lo general, la sociedad compromete esfuerzos y recursos en neutralizar las consecuencias de los problemas y no en erradicar el germen de ellos. La pobreza y la confrontación que agobian a Colombia son consecuencia directa de la falta de educación; pero no de educación escolarizada e informativa, sino de educación ciudadana, fundamental e integral. No se puede esperar que un sistema de justicia corrija las deficiencias de una sociedad desbordada, en la que gobernantes y legisladores perciben la educación como un gasto y la confrontación como un fenómeno aislado.Es paradójico ver como la sociedad se duele de la corrupción pero a su vez se mantiene cercana a la contravención y el delito, y afecta al favor indebido, al privilegio, a la prebenda y la componenda. Para reimplantar el orden social, más que reformar la justicia, se requiere que la sociedad cambié. De poco sirve remozar normas, abreviar procesos, aumentar penas y construir prisiones, si no se siembra honor y virtud en mentes y corazones.Mientras que la educación es un fin, la justicia es un medio remedial para restituir la equidad que no cultiva la primera. Por eso es una quimera esperar que una reforma del sistema de justicia supla las falencias éticas de una nación sin antes reformar su educación. Al parecer en el gobierno Santos no se logrará ninguno de estos objetivos superiores de toda sociedad progresista. Tanto las reformas a la educación y la justicia, promovidas por Santos, antes que soluciones, resultaron siendo fuente de conflicto y confrontación.La opinión pública no debe olvidar que la también fallida reforma a la educación promovida por Santos le costó al país dos meses de suspensión de actividad académica en las universidades públicas. Tampoco debe olvidar que este gobierno, antes que aumentar la inversión en educación, pretendió disminuirla en clara demostración de su visión cortoplacista, proclive a sacrificar la estabilidad estructural por la coyuntura fiscal.Su proyecto pretendía condicionar la inversión en educación al comportamiento incierto de variables macroeconómicas, cuyo desempeño depende de la eficacia misma de la educación. Santos pretendió condicionar la inversión en educación al crecimiento del PIB, cuando lo racional es proyectar su crecimiento a la tasa de retorno de la inversión en educación. Santos sigue dando evidencias de su falta de capacidad para gobernar. Para bien del país, es mejor que Santos y el actual Congreso se abstengan de promover y tramitar, no solo esas reformas, sino también la tributaria, la pensional y la de la salud.

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