Diálogo o celada

Diálogo o celada

Abril 09, 2012 - 12:00 a.m. Por: Rafael Rodríguez Jaraba

La democracia no es perfecta, es perfectible; a pesar de sus debilidades, es la mejor expresión posible de libertad, igualdad y orden. Su vigencia se legitima con el querer mayoritario en favor de un estado de derecho que sea respetuoso de la crítica, el disenso y la oposición pacífica.El deber más sagrado de un Estado democrático, es proteger la vida y la libertad de los ciudadanos, debiendo reprimir con fortaleza a las minorías criminales que buscan imponer la anarquía y el caos.Secuestrar ciudadanos con fines extorsivos y someterlos a torturas y tratos crueles y degradantes no merece perdón social. Quienes atentan contra la vida y la libertad, sea cual sea el motivo, conspiran contra la sociedad y deben ser legalmente reducidos y justamente procesados por autoridad de la ley.Proteger la democracia es responsabilidad de la sociedad y no sólo del Estado, de ahí la necesidad de la nación entera de mantener una postura firme y decidida en defensa de ella.Las Farc han demostrado hasta la saciedad su condición de banda narcoterrorista, carente de principios, ideas e ideales. Si alguna vez tuvieron una causa que justificara su mesiánica paranoia, hoy sólo cuentan con un botín manchado de sangre inocente y con la condena de una sociedad que las repudia y aborrece. Con su accionar criminal, han demostrado que son tan sólo una banda de delincuentes disfrazados de verde.Por injusta, cruel y abominable que sea la condición de los cientos de civiles y militares secuestrados, el gobierno no puede quebrantar el estado de derecho, renunciar a la legalidad, sacrificar la Justicia y plegarse a un nuevo chantaje humanitario. No debemos canjear ciudadanos inermes por criminales rampantes.Se quiera o no, intentar un acuerdo con las Farc es una nueva celada a la institucionalidad, que no garantiza la vida ni el regreso de los secuestrados, ni mucho menos, la abolición de esta abominable práctica. En cambio, sí complace la urgente necesidad que tiene el narcoterrorismo de oxigenar su debilitado accionar y recuperar su poderío perdido.No olvidemos las masacres provocadas por los cilindros bomba; los pueblos arrasados; los ajusticiamientos públicos; el boleteo extorsivo; los aviones secuestrados; los falsos retenes; las pescas milagrosas; los miles de policías y saldados mutilados; los centenares de viudas y huérfanos; los secuestros de La María y del Kilómetro 18; la voladura del edificio de la Policía en Cali; el atentado aleve al Palacio de Justicia de Cali; y, el asesinato de gobernadores, consejeros, alcaldes, diputados y concejales. Tampoco olvidemos la esperanza fallida del Caguán y el voto mayoritario que le dimos a la paz, cuando con ingenua ilusión creímos poderla alcanzar.No perdamos el camino recorrido. No cedamos el terreno ganado. No aceptemos la dictadura del secuestro. No mostremos más indolencia y debilidad. No igualemos la decencia con la delincuencia. Restablezcamos el orden sin violentar la ley. Hagamos valer las mayorías y exijamos el regreso incondicional de los secuestrados. No hagamos que la vida de tantos inocentes se haya sacrificado en vano. No juguemos a la amnesia y al chantaje.Colofón. Inexcusable que el Gobierno le niegue apoyo a la candidatura de José Antonio Ocampo a la Presidencia del Banco Mundial. Irrita que la política subyugue a la ciencia y la academia.

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